No hay humano que en algún momento de su existencia no haya intentado simular algo distinto a lo que es, en algunos animales la simulación les permite sobrevivir, es parte de su naturaleza, empero somos nosotros los que hemos hecho de la simulación una practica cotidiana, en casos extremos para no ser atrapados ni cazados y la mayoría de las veces para proteger ese “yo” que se resiste a admitir que ya no es el que fue, pongamos como ejemplo a la industria del maquillaje con sus tintes que cubren el paso del tiempo en los cabellos, la medicina estética que es una de las especialidades con mayor demanda simulando una tez lisa y lozana propia de la eterna juventud, sin contar las pulsaciones del corazón que se acumulan con los años y que inevitablemente se detendrán sin excepción algún día.