Después del trauma causado por la maligna abstención electoral, era de esperarse la era del arrepentimiento por el fracaso opositor, que nos condujo a la debacle generalizada expresada en los estudios políticos de la reflexión asumida, como era de esperarse como consecuencia del fracaso; y aunque para muchos en el exterior, este fracaso les sirvió para ahondar en su virtuosismo forjado en la antipolítica manifiesta que culpabiliza al régimen, como es visto, esta excusa se ha hecho inexistente o fantasmagórica, que si fuéramos sinceros, lo tildaríamos de fracaso. Para ser más sinceros, pudiéramos adosarle a esta antipolítica el epíteto de “gran pesadilla”.