Las fuentes ubican la raíz etimológica de la palabra “constitución” en el latín “constitutio” y el cual ilustra en lo relativo a “arreglo, disposición, orden, organización y formación”. Lo califican como “sustantivo femenino”, pero, por supuesto no referido a sus sinónimos, entre ellos, “la delicadeza, fineza, debilidad y suavidad” que históricamente, a pesar de que ya no tanto, se han reconocido a “las féminas”. Por el contrario, la historia ilustra que en el terreno político, cuanto menos, “las constituciones”, tanto en lo que respecta a su hechura, como a su puesta en práctica ha demandado y prosigue exigiéndolo ánimo, estrategia, paciencia y una recia fortaleza. No se está seguro si se exige de una “fuerza como la de Atlas, en la antigua Grecia, a quien por revelarse contra los dioses se le condenó a “soportar en sus espaldas el peso del mundo durante toda la eternidad”. Pero, para muchos, por “el hastío anticonstitucional”, algo parecido.