“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”, aseguraba el escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano, en una de sus obras y esa parece ser la moraleja detrás de la inusual historia de un padre que, a pesar de su precaria situación económica, realizó un notable acto de decencia y solidaridad frente a sus dos hijos menores.