A los que hayan visto la película ‘Oppenheimer’ les habrá llamado la atención el fenómeno de la promiscuidad científica que se dio en las primeras décadas del siglo pasado. Al final, las grandes innovaciones que llevaron a la domesticación del átomo fueron fruto de un grupo bastante reducido de científicos que se conocían personalmente, se odiaban o se admiraban, se casaban entre ellos y recelaban unos de otros al tiempo que se inspiraban mutuamente. Esta semana, la batalla librada en torno a Sam Altman en OpenAI , la empresa creadora de ChatGPT, me ha llevado a concluir que sucede tres cuartos de lo mismo en Silicon Valley. El hecho de que Ilya Sutskever, el jefe científico de la empresa y… Ver Más