Ayer se cumplió el decreto de la navidad impuesto por el yo supremo que deambula por Miraflores. Hasta en las cercanías del SEBIN, el de la tumba, por varias cuadras a la redonda, se escuchaban las gaitas. Mientras, en Plaza Venezuela colocaban los tiernos ositos del negocio decorativo. Demostración nacional de que el problema no son, no han sido, no serán, las sanciones. Sobra el billete, pero no para trabajadores, jubilados ni pensionados.