La Estación Central de Berlín, el imponente diseño del arquitecto Meinhard von Gerkan, aparece hoy desierta. La huelga de maquinistas ha reducido la circulación ferroviaria a servicios mínimos apenas apreciables y todas las miradas se centran en su jefe, Claus Weselsky , un perro de presa al que la empresa acusa de egocentrismo y de falta de voluntad para negociar. El sindicato alemán de maquinistas de locomotoras (GDL) dejará de trabajar más tiempo que nunca: casi seis días completos, para hacer cumplir su principal exigencia: 35 horas de trabajo semanales en lugar de 38, con compensación salarial completa. Weselsky y su sindicato relativamente pequeño llevan muchos años incordiando tanto a Deutsche Bahn como a los viajeros, pero nunca habían elevado tanto la apuesta. Después de esta última ronda de negociación colectiva, para él todo habrá terminado como presidente de GDL, como anunció el pasado otoño. Pero hasta entonces, como también él mismo advierte, «pueden pasar muchas cosas». Está dispuesto a marcharse por todo lo alto. Weselsky nació en 1959 en Dresde en la Alemania comunista, como el menor de tres hermanos, en una familia de clase trabajadora. Sus padres inicialmente trabajaron como «nuevos agricultores» y recibieron tierras expropiadas en la RDA. Posteriormente ambos se formaron como conductores de tranvía y Weselsky siguió sus pasos. Después de graduarse en la Escuela Superior Politécnica, a mediados de los años 70, completó su formación como instalador de vehículos ferroviarios y se convirtió en maquinista de locomotoras para los FFCC alemanes Deutsche Reichsbahn. Noticia Relacionada estandar Si Joachim Rukwied, el agricultor que tiene contra las cuerdas al gobierno alemán Rosalía Sánchez Las protestas trascienden el ámbito sectorial y se han convertido en un ariete político en toda regla Afiliación política tras la caída del muro Al principio como maquinista de maniobras, más tarde como conductor de trenes de mercancías y, finalmente, de trenes de pasajeros y expresos. Nunca fue miembro del entonces todopoderoso Partido Comunista, algo de lo que todavía hoy se siente orgulloso. Después de la caída del Muro de Berlín, sin embargo, comenzó a desplegar su talento político: se involucró en el restablecido sindicato de maquinistas de Pirna, cerca de Dresde, y se convirtió en presidente del grupo local en 1990. A partir de ese momento, su carrera ascendió con rapidez. En 1992 se convirtió en vicepresidente del distrito y, por tanto, en miembro de la junta directiva. En 2002, el ferrocarril lo liberó completamente para sus actividades sindicales. Weselsky llegó al Comité Ejecutivo Federal en Frankfurt am Main como empleado del departamento de negociación colectiva y durante dos años fue el segundo hombre detrás del presidente Manfred Schell, al que terminó reemplazando en 2008 en la dirección del GDL con un apoyo destacado de los miembros: fue elegido para el cargo con el 90% de los votos. Sin embargo, desde el principio surgieron críticas internas. Lo primero que hizo fue despedir a sus dos adjuntos por haberse enfrentado a él. Su predecesor, Schell, lo acusó de un «estilo de liderazgo autoritario» e incluso renunció a su presidencia honoraria de la GDL para distanciarse públicamente de Weselsky, que se limitó a explicar que los despedidos tenían intereses profesionales y privados mixtos. Vías de tren vacías en Alemania con motivo de la huelga AFP Pérdidas de 100 millones al día Pero su estilo negociador, siempre a cara de perro, ha fidelizado a los miembros del sindicato y ha hecho de la GDL el más temido del sector. El que pronto cumplirá 65 años representa sólo a 40.000 afiliados, mientras que el sindicato rival EVG tiene 180.000 procedentes de todas las divisiones ferroviarias. Pero GDL negocia sólo para maquinistas y personal de a bordo, empleados indispensables para las operaciones ferroviarias en curso y eso ha aumentado su capacidad de presión. Sus seguidores valoran especialmente que, en 2007, cuando su personalidad destacaba ya en el sindicato y fue tentado con el bien remunerado puesto de4 director de recursos humanos del ferrocarril, permaneció fiel a los suyos y con un salario bastante más limitado. Le siguen a ciegas y, a una llamada suya, acuden en bloque. En el verano de 2023, además, fundó la cooperativa Fair Train, a la que pueden trasladarse los trabajadores ferroviarios con mejores condiciones. Una vez empleados allí, son subcontratados nuevamente a Deutsche Bahn, que se queja de que un sindicato que actúa como agencia de empleo temporal distorsiona los términos de las negociaciones salariales. Las críticas de que con sus huelgas está tomando como rehén a todo el país le resbalan. En 2014, sensible a la desesperación de los pasajeros, Bild publicó su número de teléfono móvil, durante una huelga de cuatro días, para facilitar que decenas de miles de alemanes indignados pudieran quejarse personalmente. Weselsky activó el desvío de llamadas al número del entonces jefe ferroviario Rüdiger Grube. Sus huelgas le cuestan a Deutsche Bahn 100 millones de euros al día y la dirección dela empresa muestra su resignación. Sólo confía en el paso del tiempo. En otoño, el líder sindical no volverá a presentarse a las elecciones de jefe de GDL. «Esta es la última ronda de Weselsky y quiere fijar su nombre en la historia», dice un portavoz de la empresa, «es la tercera vez que se nos echa encima de esta manera y la diferencia es que ahora podemos estar seguros de que será la última«.