Antes, la juventud era un tesoro divino y la vejez un fastidio, tan solo soportable por aquello de que las alternativas eran mucho peores. Cuando eras joven no existían los obstáculos insalvables, ni las barreras infranqueables. En cambio, en la vejez te empezaban a doler articulaciones cuya existencia desconocías y aparecían dolores en lugares extraños, no identificados con precisión. Pero, últimamente, la medicina ha obrado milagros que alargan la vida por el final y la mejoran por el medio. Por el contrario, la economía se ha cebado con los jóvenes, mientras que la demografía ha virado su rumbo y, con el viento de cara, ha desviado la atención política hacia los mayores, que se llevan la parte del león de… Ver Más