El PGOU Madrid 360, ¿una vieja figura para una nueva concepción de ciudad?

Comienzo por dar respuesta a la pregunta planteada. Sí, el Plan General es la figura con la que contamos para hacer realidad un nuevo urbanismo que contemple las necesidades que hoy plantean las grandes ciudades, integrando las especificidades y caracteres conformadores de Madrid y del ser madrileño, consolidando y redefiniendo su capitalidad y programando un futuro en el que los proyectos que se realicen a su amparo sepan atender y dar respuesta a los muchos cambios producidos y que se están produciendo, y una hoja de ruta que marque la estrategia que ha de guiar los pasos del urbanismo, de la ciudad, ante los retos que el futuro nos planteará, sin duda, y cuya formulación y concreción aún desconocemos. Ustedes me enfrentarán con mis palabras, con razón, y me dirán que he planteado en muchas ocasiones la urgente y necesaria reformulación de las bases de nuestro sistema urbanístico, incluso la necesidad de superar el Plan General de Ordenación Urbana como planificador de todo lo que haya de suceder y de ser en la conformación de la ciudad futura. También me reconocerán que nunca he atacado a la figura del PGOU como tal, como ordenador primero y esencial de la planificación urbana, sino más bien su rigidez excesiva, su determinismo normativo, la excesiva reglamentación de su contenido, su formulación con criterios, técnicos y jurídicos, ya largamente superados por la realidad de la ciudad en el siglo XXI. Sobre la perentoria reformulación de las bases del sistema, me reafirmo. Ya habrá ocasión de seguir abundando en el por qué, el cómo o el cuándo. Respecto al nuevo Plan General de Madrid y a su reciente y solemne lanzamiento por nuestro alcalde y su delegado de urbanismo, como tal anuncio y ocasión sin duda merecen, vuelvo a citar en esta Ciudad Abierta al arquitecto estadounidense Paul Goldberger: el urbanismo funciona cuando crea un viaje tan deseable como el destino. Pensar e instrumentar un plan general que habrá de proponer soluciones y alternativas a la ciudad vivida y a la ciudad por vivir constituye uno de los viajes más apasionantes que quien les escribe pueda imaginar. Noticia Relacionada estandar Si PP y Vox aprueban el plan urbanístico para demoler El Corte Inglés de Méndez Álvaro en Madrid con la izquierda en contra Cris de Quiroga El pleno del Ayuntamiento de Madrid acuerda sustituir el centro comercial por torres de oficinas, un parque y un edificio dotacional para el distrito de Arganzuela El consistorio madrileño demuestra con tal propósito ambición, vocación de servicio y, sobre todo, valentía . La constitución de una Oficina del PGOU es prueba de ello. La reunión y encargo de los primeros pasos a una pléyade de urbanistas, profesionales y expertos conocedores de Madrid, cuya elección desde luego aplaudo desde estas líneas, también. Y es valiente decisión porque vivimos una época en que los medios de comunicación y parte de la sociedad se encuentran más enfocados en el cortoplacismo y en destacar los problemas, en señalar y priorizar, primero, para criticar, después, las trincheras, las ideologías, todo lo negativo de esa sociedad, de los ciudadanos, de sus representantes. Dirán que los medios de comunicación son un reflejo de la sociedad que los sostiene. Convengo. Lo preocupante es cuando existe una retroalimentación negativa entre ambos, generándose bucles infinitos de crítica en los que la aportación de alternativas tangibles o de soluciones viables se han convertido, por desgracia, en rara avis. Plantear el inicio de un nuevo PGOU probablemente no esté entre las prioridades de todos los ciudadanos. Algunos criticarán, ya lo hacen, al equipo de gobierno madrileño por considerar que existen problemas mucho más acuciantes que han de abordarse, empeñándose en enumerar la larga lista de actuaciones consideradas por ellos como prioritarias. Ante ello hay una respuesta muy castiza y oportuna: lo cortés no quita lo valiente. Pocos de los que se oponen habrán hecho una básica reflexión considerando que el planeamiento general hoy tiene entre sus objetivos el establecimiento de los fundamentos sobre los que crear una ciudad sostenible, social, económica y ambientalmente y que ello contribuirá de manera decidida a la mejora de la vida de los madrileños y de todos los que sufren o disfrutan la ciudad. Y es valiente porque anticipar la formación y el desarrollo de un plan general, cuyo recorrido sobrepasará el de una legislatura, que es la triste e insoslayable medida de la política, demuestra aquella vocación de servicio que aducía más arriba, máxime si se considera que la holgada mayoría de que disfruta el actual equipo de gobierno le permitiría transcurrir por los cuatro años sin demasiados sobresaltos y, desde luego, sin tener que penetrar en el frondoso jardín que el planeamiento general siempre anuncia. Visión humanista Tomás Ramón Fernández, con cuyo Manual de Derecho Urbanístico hemos aprendido, desde su aparición en el año 1980, varias generaciones de profesionales dedicados al urbanismo y al estudio del suelo como soporte de las actividades y funciones desarrolladas en la ciudad, inauguraba en España, con otros grandes administrativistas de la época, una visión humanista del urbanismo que aún perdura y que se ha insertado de lleno en la regulación y reglamentación de lo urbano en toda Europa, cual es la consideración del ser humano como centro de todas las funciones urbanas, en general, y de la ordenación urbanística, en particular. Esta idea debe prevalecer en cualquier formulación del planeamiento, incluido el de desarrollo y, de manera muy significativa, diría que constituyente y aunque con ello arrime el ascua a mi sardina, en la gestión urbana. Esta es razón suficiente para priorizar la necesidad del plan . Por ello aplaudo, también, la reciente creación de la Oficina del PGOUM, porque será el punto de conexión entre la administración municipal y autonómica -¡qué importante!- y entre la Academia y los profesionales, los expertos y, aspecto esencial y determinante del éxito o fracaso de todas las iniciativas, los ciudadanos, la sociedad civil. Parece, así, que las imprescindibles transparencia y participación en el proceso de formulación del plan quieren asegurarse desde su mismo anuncio. Así se observa lo que ya se proponía desde el preámbulo del RD Legislativo 2/2008, de 20 de junio, de aprobación del texto refundido de la Ley del Suelo que nos hablaba de la necesidad de un urbanismo más participativo y transparente recogiendo, a su vez, lo expresado por el Tribunal Constitucional en su célebre Sentencia 61/1997. Transparencia y participación Algunos excluyen de tales caracteres de transparencia y participación, porque entienden que resultan penalizadas cuando se activa, el llamado urbanismo concertado o convenido, aunque esto sería objeto de otro debate en el que habría mucho que contraponer. Baste ahora menciona r el ejemplo del urbanismo de la concertación utilizado por Francia como sólido cimiento de grandes actuaciones de transformación urbana , o de las áreas libres de planeamiento concebidas en la ciudad de Londres, donde primero se cede el espacio a la iniciativa privada y en una fase ulterior y a la vista del proyecto, se establecen por la administración las ordenanzas que han de regir. Bien pudieran contemplarse estos y otros ejemplos de nuestro entorno próximo, construidos sobre el acuerdo, como herramienta estratégica en el nuevo PGOUM, siendo muy consciente de las dificultades, nunca insalvables desde mi punto de vista, que ello puede suponer, y con la inestimable ayuda de una sólida y siempre bidireccional colaboración público-privada. No son pocos los obstáculos que en este camino del nuevo plan nos encontraremos. Traigo también hoy al debate la inseguridad jurídica que continúa, por el momento y hasta la aprobación, si se alcanza, de la prometida norma estatal de seguridad jurídica en el ámbito de la planificación urbanística, que no parece terminar de llegar. Inseguridad palmaria que está instalada en nuestro urbanismo por mor, entre otras razones, de una deficiente regulación de la acción pública en materia de urbanismo, que somete a los ámbitos urbanísticos a una tensión permanente, originando disfunciones en la implementación de las previsiones de los planes y en la eficacia de sus resultados, cuando no bloqueando la posibilidad de avanzar en la creación de suelo como materia prima esencial, resultando todo ello en el retraso o en la imposibilidad de facilitar el acceso a vivienda asequible como herramienta esencial para minorar las ya casi insoportables tensiones de un mercado en el que la demanda hoy es muy superior a la oferta. Desde luego la brutal judicialización de los instrumentos de ordenación, con la subsecuente nulidad en cascada de instrumentos de gestión, alcanzada en los últimos años, destroza cualquier intento de las administraciones locales y autonómicas de conseguir la reclamada seguridad jurídica para el urbanismo español. Todo ello con la intervención de una línea jurisprudencial ya clásica en nuestro urbanismo y aunque en proceso de cambio, por lo que podemos o queremos leer en algunas sentencias últimas, empeñada en considerar el completo corpus de cualquier instrumento de ordenación urbanística como normas reglamentarias o disposiciones administrativas de carácter general y, por ello, susceptibles de viciar de nulidad radical el completo instrumento. A ello cabe añadir casos como el de Madrid, en el que la modificación de las normas urbanísticas del PGOU fue denegada en las postrimerías de la pasada legislatura, sin motivaciones técnicas, ni siquiera de oportunidad, simplemente por motivos políticos, lo cual aleja más aún a nuestro urbanismo de esa seguridad jurídica que la ciudad y la sociedad reclaman. Inseguridad jurídica Es precisamente tal inseguridad la que propicia el que cada vez más actuaciones urbanísticas esenciales se implementen en España con independencia o al margen del planeamiento urbanístico tradicional, a través de intervenciones sectoriales que impiden la contemplación y programación holística de las transformaciones urbanas, algunas de muy hondo calado. Esa dispersión o fragmentación de la actuación urbanística, tanto en la generación de nueva ciudad, como en la regeneración o rehabilitación de la existente, impiden aquella evolución armónica de la ciudad. Concluyendo, finalmente, en un desprestigio y en una crisis cada vez más acuciante y peligrosa de nuestro urbanismo. A quienes dedicamos nuestra vida a la ciudad y a pesar de que en ocasiones critiquemos, muchas de ellas cargados de razones, a nuestro planeamiento urbanístico, nos duele enormemente, créanme, tal desprestigio, cuando de sobra conocemos su larga trayectoria histórica, plagada de éxitos y de elementos y herramientas que no se han de perder. Bien es cierto que esa crisis que les traslado llevo percibiéndola como tal durante más de 30 años de ejercicio profesional y les aseguro que tiempo y oportunidades ha habido de introducir modificaciones y de reformular muchas de las bases sobre las que nuestro sistema se asienta. Pero ello no obsta para el reconocimiento sincero de nuestra trayectoria planificadora y, sobre todo, de muchos de sus resultados. No entro hoy, por faltarme ya el espacio en esta querida Ciudad Abierta, en desgranar cuáles habrán de ser los pilares sobre los que asentar la eficacia del nuevo PGOUM o en cuáles habrían de ser los mecanismos, que los hay, para convertirlo en un documento estratégico y de ciudad, capaz de adaptarse a las nuevas necesidades, cada vez más cambiantes y a mayor velocidad, en cada uno de los momentos en que se ha de aplicar. No hablo, entiéndanme, de desregulación, me refiero a aquel carácter normativo directo de las previsiones del plan, reduciendo su alcance a aquellos elementos y partes de su complejo contenido que, en efecto, hayan de tenerlo indefectiblemente. Eso sí, me permito entrar antes de finalizar esta tribuna, siquiera tangencialmente, en aquello que me ocupa, la gestión urbana. Y es que la elaboración del necesario y nuevo PGOUM es el cimiento y primer peldaño en la configuración de lo que habrá de ser la ciudad deseada , el Madrid del siglo XXI. Después ha de ser desarrollado y aplicado, compartirá espacio con otros instrumentos y herramientas que también hacen y condicionan la ciudad, influirán en su devenir y aplicación las diferentes coyunturas económicas y sociales, a las que ha de añadirse la variable sanitaria con carácter permanente; por su parte, las empresas y empresarios harán valer sus ideas y sus proyectos también como conformadores de ciudad. En definitiva, todas las previsiones del nuevo plan, unidas a todas las variables, previstas o imprevisibles, que afectarán a su eficacia, habrán de proyectarse sobre los espacios que conforman la ciudad. Y para todo ello es determinante la existencia de una buena gestión urbana. Sin una gestión eficaz el mejor planeamiento decaerá y, al contrario, una excelente gestión puede llegar a hacer viable un instrumento no tan bueno. Ejemplos de ambas realidades conocemos muchos. De ahí, pues, la importancia de fomentar y procurar una gestión urbana, pública y privada, eficaz, profesionalizada y preparada para afrontar los múltiples y complejos retos de hacer ciudad. Cuenten con los gestores urbanos, su visión y su experiencia conocen de integrar variables de lo más diversas y transversales en la búsqueda de la eficacia y de los mejores resultados, incorporen su experiencia en el camino que se inicia. Buena suerte.

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Author: Pablo Perez