Celebra Hugo González un cumpleaños especial, recién aterrizado en España con una plata y un oro mundial colgados al cuello. Lo espera en el aeropuerto su padre, Juan Miguel, y un poco más tarde llega su madre, Nadia. Él, gafas en ristre y sonrisa cansada, atiende a las fotos de la prensa que lo recibe. Se para con todos, hace los gestos que le solicitan, amabilidad en cada gesto, con ganas de abrazar a sus padres y a su novia y desconectar toda la semana. Y cuando es desconectar, es absoluto. Pero tiene en mente que esto no es lo máximo que puede sacar: «No me esperaba nadar tan rápido tan pronto en la temporada y hemos sido los que más rápido hemos nadado, pero esto es lo que tengo que seguir haciendo. Mejorar, con una planificación como la que hemos tenido hasta ahora y seguir siendo el que más rápido nade». Esta semana estará por España, en casa, aunque había previsto un viaje familiar pero las medallas lo van a obligar a estar pendiente del teléfono. Es el chico de moda, el que reflota la natación en línea española aunque se quite de encima eso de referente, que todavía no ha podido pensar mucho en ello.