PESTAÑA j24-sevilla-atletico-liga23/24 Crónica 4 A cero contra el Athletic. A cero frente al Sevilla. Al Atlético, de repente, se le ha fundido la luz que alumbra los goles y termina una semana horrible en la que se ha complicado de golpe tanto la Copa como la Champions del año que viene. En ambas se le aparece la sombra amenazante del Athletic. La impericia ante la portería contraria le hace sucumbir en Nervión ante un buen Sevilla que revive de golpe con Quique, dos partidos ganados por primera vez en toda la temporada. Sin confianzas, pero el descenso se aleja y el futuro se aclara para ellos. El Pizjuán no deja de rugir por su equipo pese a la temporada aciaga. Nunca falla la afición sevillista, enardecida al son de su himno desde el principio. Ayuda, y mucho, la última victoria en Vallecas, un chute de confianza que anima al Sevilla a morder al Atlético desde el pitido inicial. Hay fútbol de ritmo vertiginoso, sin demasiada elaboración. Un completo desafuero. Y empiezan a sucederse los acontecimientos sin espacio para coger aire. Simeone sorprende con la presencia de Gabriel Paulista en el once, inédito aún el brasileño con la camiseta rojiblanca. Se coloca en el centro de la zaga, de libre. No tarda mucho en hacerse protagonista, pues salva el pellejo a Barrios después de cortar un contragolpe peligroso montado a partir de una pérdida del canterano en el centro del campo. Tiene trabajo el nuevo zaguero. También Witsel y Hermoso, que sufren ante las rápidas acometidas del Sevilla, gobernadas con acierto por Ocampos y Óliver. Oblak aparece por primera vez en un disparo raso y lejano de Acuña que le obliga a meter la manopla para despejar con apuros. En la siguiente ya no puede hacer nada. En el primer saque de esquina del partido llega el gol de los locales, que se imponen en todos los duelos. Después de elevarse por encima de Morata, es Ocampos quien prolonga en el primer palo. Y tras superar a Koke, le toca a Isaac rematar a la red el balón en el segundo. En la jugada queda conmocionado el capitán colchonero, golpeado en la cabeza primero por Oblak y luego por el poste. El gol hace justicia al partido, y también a Isaac. El lebrijano es un torbellino y no ha podido caer más de pie. Son cinco partidos en Primera, tres goles. Y otros dos en Copa. Un acierto a anotar en el haber de Quique, que con el gol transmuta su aspecto lánguido, el porte melancólico de capitán de barco mercante, por otro de carácter absolutamente eufórico. No hay descanso tras el gol. La respuesta del Atlético es inmediata, con un cabezazo al palo de Motata que el juez de línea decretó en fuera de juego. Si hubiese entrado, la jugada se habría resuelto en el VAR. Así de justa parecía la posición del delantero. Tampoco se arredra el Sevilla, que obliga a Jan Oblak a realizar otra parada salvadora. Es tras un mal despeje de Barrios, que sin querer asiste desde su área a Óliver. El centro lo remata Isaac a las manos del guardameta esloveno. Hay lucha encarnizada, mucho golpe de piernas y polémicas en las áreas. El Atlético reclama un posible penalti a Morata por un empujón de Acuña: Poco después es el Sevilla quien también pide su pena máxima por una posible falta a En-Nesyri de Barrios, que sigue acumulando papeletas para quedarse en el banquillo tras el descanso. Antes, Isaac prosigue con su festival anticipándose a Paulista y disparando al larguero. Cierra el primer acto con el Atlético asediando el campo rival, pero las ocasiones siguen cayendo del lado sevillista, ahora a la contra. De nuevo le toca a Oblak ejercer de salvador ante un disparo cruzado de Óliver. La asistencia la había dado, cómo no, un Isaac desatado. Aún da tiempo para que Nyland le gane un mano a mano a Morata y que el delantero se marche llorando del campo con un fuerte golpe en la rodilla. Iglesias Villanueva manda a los jugadores a la caseta a bajar las pulsaciones. Ha sido una primera parte de una intensidad extrema. A la vuelta de los vestuarios no están ni Morata ni Barrios, y son sus sustitutos, Nahuel y Memphis, los primeros en tener el empate en sus botas. El Atlético aún se ve con fuerzas para meter una marcha más y convierte el partido en un correcalles, pero el acierto ofensivo que había consolidado esta temporada no aparece por ningún lado. En situaciones de crisis, el Atlético busca con ahínco a Griezmann, pero tampoco llega la inspiración del francés. No baja el ritmo, pero con los minutos crece el desacierto. Los de Simeone podrían haber estado otros noventa minutos insistiendo, que ni aún así.