El Servicio Federal Penitenciario de Rusia (FSIN en sus siglas en ruso) ha informado sobre el fallecimiento de Alexéi Navalni, el principal opositor del presidente Vladímir Putin. Navalni cumplía una condena de 19 años de cárcel en la colonia penitenciaria de régimen severo número 3 de Jarp , en el Ártico, a donde fue trasladado en diciembre. Esta misma semana, había sido confinado por vigésimo octava vez en la celda de castigo. La nota oficial señala que «el 16 de febrero de 2024, en la colonia correccional n.° 3, el preso Alexéi Navalni se sintió mal después de una caminata y casi de inmediato perdió el conocimiento. Inmediatamente llegaron los sanitarios de la institución y se llamó a un equipo médico de emergencia». El comunicado prosigue asegurando que «se llevaron a cabo todas las medidas de reanimación necesarias, pero no dieron resultados positivos. Los médicos de urgencias confirmaron la muerte del preso». El canal 112 de Telegram, cercano a las autoridades, afirma que el opositor sufrió el desprendimiento de un coágulo de sangre. Alexéi Navalni pasó varias semanas en paradero desconocido para ser trasladado a una prisión de régimen especial. Pasaron varias semanas en las que no se conocía el estado del opositor hasta que lo confirmaron fuentes cercanas del político. El opositor ruso habló en su perfil de X (Twitter) el pasado mes de diciembre para confirmar que estaba de «buen humor». «Ahora tengo un abrigo de piel de oveja, un sombrero ushanka (un sombrero de piel con orejeras que cubren las orejas) y pronto conseguiré valenki (un calzado de invierno tradicional ruso). Me dejé barba durante los 20 días de mi transporte», escribía el opositor. «Lamentablemente no hay renos, pero sí perros pastores enormes, peludos y muy bonitos.Y lo más importante: ahora vivo por encima del Círculo Polar Ártico. En el pueblo de Kharp en Yamal. La ciudad más cercana tiene el bonito nombre de Labytnangi», continuaba con ironía Navalni. «Los 20 días de mi transporte fueron bastante agotadores, pero todavía estoy de buen humor, como corresponde a un Papá Noel», aseguraba. «Me trajeron aquí el sábado por la noche. Y me transportaron con tanta precaución y por una ruta tan extraña (Vladimir – Moscú – Chelyabinsk – Ekaterinburg – Kirov – Vorkuta – Kharp) que no esperaba que nadie me encontrara aquí antes de mediados de enero», continaba narrando las peripecias de su traslado desde su anterior centro penintenciario. En estos centros los presos están sometidos a un estricto control. Fuera de la celda deben moverse en posición de «cisne», con el tronco doblado hacia adelante y las manos en la espalda y levantadas hacia arriba, asemejando las alas del ave. La correspondencia y visitas están significativamente limitadas.