En el invierno de 1935, siendo yo un chiquillo de 8 años, me llevó mi abuelo don Abelardo, un granadino muy madridista, al viejo Chamartín, el campo del Madrid con la tribuna rematada en madera, a que viese jugar a Luis Regueiro, alias ‘El corzo’. Ya le había seguido yo por la revista ‘Campeón’, cuando el Mundial del 34 en Italia que se llevaron por narices las huestes de don Benito. Mucho más tarde, en los ochenta, el arquitecto Félix Candela me lo presentó en Ciudad de México en el restaurante español El orrio. Me dirigí a él llamándole ‘El corzo’ y Luis se sonrió. En 1943. sin cumplir los 17 años, disfruté como un enano desde el ‘Tendido de… Ver Más