El largo y bifurcado camino hacia la movilidad descarbonizada

España, al igual que muchos otros países, busca renovar su modelo de movilidad para cumplir los compromisos de la descarbonización. Las ciudades presentan distintas iniciativas como el uso de patinetes, coches eléctricos, transporte público, bicicletas o coche compartido a la vez que se van adaptando sus infraestructuras para que sean viables. Sin embargo, «no es fácil que todas esas iniciativas convivan, ya sea por los conflictos no ordenados en el espacio público como por la alta dependencia energética de muchos de estos nuevos aspectos de la movilidad», apunta Virginia Vidal, directora de Transportes en Aecom España. Además, si bien se observa un esfuerzo en distintas ciudades por adaptar los centros urbanos a la nueva movilidad, «en la medida que nos acercamos a las periferias y extrarradios apreciamos que apenas se han llevado a cabo este tipo de adaptaciones», resalta. Pero a pesar de los esfuerzos desde la consultora Aecom observan que ni las grandes ciudades ni las zonas rurales «están correctamente adaptadas a la demanda de energía que supondría la renovación total de la flota de vehículos. Además, este incremento de demanda supone que se trasladen las emisiones de CO2 a otros lugares, mientras la red eléctrica no esté descarbonizada». Por este motivo Virginia Vidal resalta la importancia que va a tener para España la futura aprobación de la Ley de Movilidad Sostenible. «Con ella se pretende dotar a las administraciones de las herramientas que les permitan adaptar la movilidad a los ciudadanos, y, en consecuencia, las infraestructuras a la nueva movilidad». Planificar una infraestructura de transporte es definir el volumen, la densidad y la velocidad de la misma. «El sentido común nos dice que reduciendo alguno de los tres elementos de planificación (o más de uno a la vez), el resultado debería ser más sostenible, pero eso es muchas veces incompatible con la definición de ciudad sostenible: una ciudad que apuesta por la renovación ecológica, cuenta con la participación ciudadana, y es resiliente ante el cambio climático», explica Virginia Vidal. Sin embargo, apunta que el error más común es olvidar que la sostenibilidad es un aspecto multidimensional, en el que conviven muy distintos aspectos ambientales y sociales. «No debe, entonces, caerse en un error habitual que consiste en focalizarse en el análisis de un par de ellos, priorizando con frecuencia aspectos ambientales y olvidando que el fin último de las infraestructuras es prestar un servicio a la comunidad», puntualiza. Noticia Relacionada opinion Si El reto de las Smart Cities, combinar digitalización y sostenibilidad Pau Solanilla «Los nuevos modelos de ciudad basarán parte de su éxito en un maridaje inteligente entre tecnología y sostenibilidad» De ahí que la planificación de la infraestructura no pueda hacerse de modo tradicional, «sino que debe incluir diversos factores que afecten directamente a la planificación urbana, influidos a su vez por factores externos como la climatología o los aspectos socioeconómicos de la propia ciudad. Y, generalmente, esto no dará casi nunca una única solución posible, sino varias alternativas que pueden tender más o menos hacia un aspecto u otro», aconseja Vidal Ya existen certificaciones que sirven como marco de referencia y sistemas de valoración sobre cómo alcanzar los objetivos de sostenibilidad. Las más populares en Europa son Breeam para infraestructuras o Envision®. Y nota como nadie se plantea hoy en día cuestionar las certificaciones ambientales de los edificios de nueva construcción, «pero en cambio nos seguimos preguntando si vale la pena o no aplicarlo a las infraestructuras que dan servicio a dichos edificios». La futura Ley de Movilidad Sostenible es decisiva porque marcará las líneas de actuación a largo plazo Ramón Ledesma, consejero asesor de la consultora PONS Mobility, considera que el concepto de movilidad ha aparecido en nuestro país muy tarde respecto a nuestros vecinos europeos. Hasta el momento «todo estaba enfocado hacia el concepto tráfico, un concepto restrictivo y orientado a la prioridad del automóvil. La movilidad es, por el contrario, un concepto dirigido al desplazamiento óptimo, entendiendo por tal el que menor tiempo genera con el menor coste y con el medio más responsable con la gestión de los bienes públicos», aclara Ledesma. Pero este cambio de concepto no se traduce rápidamente en un cambio de modelo de infraestructuras. «Hemos empezado a asistir a un cierto crecimiento tras la pandemia y la entrada de los Fondos Next Generation: estaciones de recarga de vehículos eléctricos, carriles bici, zonas de bajas emisiones,…. Sin embargo, el camino será largo y dependerá de la voluntad política», resalta. En su opinión, a la hora de planificar las infraestructuras de una ciudad sostenible, a veces se olvida el concepto base de «cubrir las necesidades de las generaciones actuales sin que se vean comprometidas las del futuro garantizando un equilibrio entre tres pilares fundamentales: la protección del medioambiente, el desarrollo y bienestar social y el crecimiento económico de las naciones». Cree además que concepto surgidos recientemente como el de «la ciudad de los quince minutos» serán las guías que, «si o si, deberemos ir aplicando si queremos hacer una planificación realmente sostenible de la ciudad», matiza. ‘Smart roads’ Asistimos también a la transformación digital de las carreteras, iniciada ya algún tiempo y que gracias en parte a los fondos Next Generation se ha acelerado. «Aunque la intensidad de la financiación orientada a las carreteras ha sido escasa, sobre todo si se compara con otros modos de transporte, la dirección es clara: transformación digital y sostenible de la movilidad», explica Elena de la Peña González, subdirectora general técnica de la Asociación Española de la Carretera (AEC). Ejemplo de esta transformación son los planes de digitalización de las administraciones, la implantación del BIM, la utilización de Big Data e Inteligencia Artificial en la gestión de los activos, las soluciones tecnológicas para problemas recurrentes como la niebla en determinados emplazamientos o el lanzamiento de un ambicioso programa de Compra Pública Innovadora en el ámbito de la carretera, entre otros. También en el contexto local hay numerosas experiencias como «la digitalización de la red de carreteras y del dominio público viario, plataformas para la gestión de las carreteras y de la movilidad, coordinación de fuentes de datos, etc.», explica De la Peña. Además, «están surgiendo espacios de innovación en materia de infraestructuras y movilidad muy interesantes, que permiten probar soluciones tecnológicas orientadas a conseguir una mejora de la sostenibilidad y la seguridad en los desplazamientos», añade. El gran olvidado de los pertes Dentro de la movilidad sostenible no solo está la parte ambiental, sino también la seguridad. «Es necesario invertir en conservación, puesto que una carretera en buen estado genera menos emisiones de los vehículos, además de proporcionar una mayor comodidad en la circulación», alerta Elena de la Peña González, subdirectora general técnica de la Asociación Española de la Carretera. Se lamenta de la escasa financiación europea para el ámbito de la carretera «una oportunidad perdida, porque hubiera permitido acelerar esta transformación digital y sostenible en la movilidad», apunta. Echan en falta un Perte para la movilidad por carretera. «En España tenemos un sector privado e investigador con mucha experiencia e interés en avanzar en este ámbito. Unido a la existencia de numerosas administraciones que están desarrollando iniciativas muy interesantes y que, sin duda, pueden tener un efecto tractor ante otras entidades», resalta De la Peña. Desde AEC recuerdan que, para poder trabajar sobre una carretera inteligente, necesitamos previamente disponer de la red digitalizada, un sistema de gestión, las adecuadas comunicaciones, un espacio para el almacenamiento de datos, coordinación de los diferentes actores que intervienen, etc. «Cuando todo esto funciona adecuadamente, podemos mejorar el servicio de movilidad, haciéndolo más seguro y sostenible», indica su directora general técnica. Algunas de las soluciones que se pueden implantar son el despliegue de la conectividad en todo el territorio, la generalización de los datos de vehículos conectados y telefonía móvil para la gestión de las carreteras, utilización de inteligencia artificial, potencialidad de los drones, uso de imágenes satelitales en la gestión viaria, mejora de los servicios de gestión de tráfico, mejora de la información a los usuarios, entre otras. «Y para el despliegue de la movilidad conectada y autónoma, desde la Asociación Española de la Carretera estamos convencidos de que la infraestructura y su entorno tienen mucho que aportar a su despliegue, actuando como elemento de apoyo y mejora de las capacidades que aporta la tecnología embarcada en el vehículo», resalta. Aliados necesarios El tren cumple con la mayoría de los criterios de una infraestructura sostenible, aquella que conecta a todos los ciudadanos, es accesible, segura y asequible, minimiza el uso de recursos no renovables, y limita las emisiones y ruidos. Algo que le da un mayor protagonismo en la nueva movilidad pero tal y como recuerda César Asensio, director de Medio Ambiente y Sostenibilidad en Aecom España, «no puede serlo de forma aislada». Cree que la búsqueda de una movilidad sostenible no debe tener protagonistas, «debiendo hablarse de una multimodalidad que permita dar respuesta a las necesidades de toda la sociedad, y que permita la combinación de distintas alternativas y combinaciones». En todo caso, «debemos pensar soluciones complementarias porque, si la granularidad de la malla se hace demasiado densa, el tren dejará de cumplir con más de una de las características que, en grandes distancias, le confieren el estatus del modo sostenible por excelencia», reflexiona Asensio. Entiende por tanto que la nueva movilidad deberá facilitar que los usuarios puedan emplear más de un medio de transporte con facilidad, «mediante una red de infraestructuras con instalaciones tales como parkings disuasorios con buena conexión a los medios de transporte público, trenes con espacio para el transporte de bicicletas y/o patinetes, múltiples puntos de recarga de vehículos eléctricos (coches, bicis, patinetes), etc.».

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Author: Pablo Perez