Los casi veinte años de estancia y gestión de Manuel Ruiz de Lopera en el Betis dieron para mucho. Y en cuanto a jugadores también. Fue una época en la que multitud de canteranos dieron el salto al primer equipo, sobre todo en los primeros años con la llamada ‘quinta de Cuéllar’ y en la temporada en la que el equipo heliopolitano ganó la Copa en el 2005 con la ‘quinta de Joaquín’, pero también para que hubiera protagonismo para sonados fichajes. Después de que Aquino, Olías y Alexis contribuyeran activamente al ascenso de 1994, la tercera plaza en Primera en 1995 la protagonizaron, además, futbolistas como el polaco Kowalczyk, Vidakovic, Jaime, Josete, Stosic o el portero Pedro Jaro, que fue Trofeo Zamora de LaLiga en aquella campaña. Fue en el verano de 1995 cuando Lopera fichó a Alfonso, el primero de las rutilantes incorporaciones de aquella etapa. El Madrid cedió primero al delantero madrileño, famoso por sus botas blancas, pero después, en 1996, fue cuando el Betis se hizo con su propiedad. Alfonso consiguió en el Betis sus mayores hitos como futbolista profesional. Es verdad que formó parte de la plantilla del Madrid que ganó la Liga en la temporada 94-95, pero eligió al Betis, y el Betis lo eligió a él, para dar el salto definitivo en su carrera y su consolidación. En la campaña 96-97 fue el máximo goleador nacional con 25 goles y se quedó en el Trofeo Pichichi en segunda posición detrás de Ronaldo. Jugó 152 partidos con la elástica de las trece barras y marcó un total de 59 goles, hasta que al término de la temporada 99-2000, con el descenso a Segunda del conjunto verdiblanco, se marchó traspasado al Barcelona El getafense fue el primer futbolista franquicia del Betis de Lopera, que también fichó a Finidi George y a Robert Jarni. Esos tres futbolistas eran entonces como la Santísima Trinidad en verdiblanco. Después de Alfonso, el primero que firmó con los béticos fue el croata en 1995. Procedente de la Juventus, Jarni fue un excelso lateral con mucho recorrido por toda la banda. Defendía con pulcritud y, dado que tenía un guante en su pie izquierdo, ponía centros y jugadas a balón parado con gran exactitud para los remates del getafense o de Pier, el atacante ítalo-español que militó en Heliópolis entre 1995 y 1997. El nigeriano llegó a Heliópolis tras proclamarse nada más y nada menos que campeón de Europa con el Ajax de Amsterdam. El Real Madrid estuvo muy interesado en su fichaje, pero el que lo consiguió fue Lopera. El futbolista africano, muy querido por la afición bética, fue fijo hasta que el equipo bético descendió de categoría en el año 2000, disputando 130 encuentros oficiales y anotó 38 goles. Los que marcaba en el Villamarín, los celebraba con un sombrero que le lanzaban desde la grada. Fue una imagen icónica de la época. Por su parte, el croata se marchó tres temporadas después, en 1998, rumbo al Real Madrid previo traspaso fantasma al Coventry City. Las cosas de Lopera, que años más tarde repetiría con Joaquín. El de Cakovec jugó 113 partidos oficiales con la camiseta verdiblanca y llegó a la veintena de goles, algunos de ellos de muy bella factura gracias a la pierna izquierda que poseía. Después de fichar a jugadores recordados por la afición bética, como Iván Pérez, hermano de Alfonso, Oli, Solozábal o el regreso al Betis de Ángel Cuéllar, se llegó al verano de 1998, el verano de Denilson. Medio mundo andaba tras los pasos del entonces jovencísimo extremo brasileño. Después de que Denilson disputara el Mundial de Francia con Brasil, Lopera se adelantó a todos y abonó el que hasta muchos años después fue el desembolso más importante del fútbol español. El entonces consejero delegado bético pagó 5.000 millones de las antiguas pesetas, 30 millones de euros, para hacerse con los servicios del futbolista nacido en Diadema. Denilson llegó acompañado de su agente, Luiz Vianna, y todos almorzaron en las oficinas de la calle Jabugo. El nuevo jugador bético posó dentro de las oficinas ya con una camiseta del Betis, antes de su presentación oficial, y la expedición brasileña le traía a Lopera varios detalles del club de procedencia del jugador, como una gorra. En la presentación, en el Villamarín delante de miles de béticos, Lopera dijo aquello de «para que se lleven al jugador tienen que cerrar un banco». Denilson disputó sus dos primeras temporadas como futbolista del Betis, la 98-99 y la 99-00 y tras el descenso final de aquella fatídica campaña, fue cedido al Flamengo. Pero sólo unos meses, ya que a mitad del curso 00-01 regresó y fue uno de los integrantes de la plantilla final que subió a Primera en aquella última jornada de infarto frente al Real Jaén. En total, el brasileño disputó 207 encuentros oficiales con la camiseta que luce el escudo de las trece barras, siendo el último de ellos curiosamente el de ida de la eliminatoria de acceso a la fase de grupos de la Champions ante el Monaco en el Benito Villamarín. En el verano del 2000 ascendieron a la primera plantilla Joaquín y Arzu y se unieron a Capi y Rivas, que lo hicieron un año antes. A ellos se sumaron Dani, Juanito y Melli para la temporada 01-02, ya en Primera. Cada vez que algún equipo se interesaba con fuerza por alguno de ellos, principalmente por el portuense, Lopera hablaba de la cría de pollitos: «Estoy harto de criar a los pollitos para que otros se los coman». Siete futbolistas que, junto al grupo de brasileños, hicieron historia en la temporada 04-05 Los brasileños empezaron a llegar para la temporada 02-03. Marcos Assunçao fue el primero. ‘«El portero está ‘asustao’, tira la falta Assunçao», se escuchaba en la megafonía del Villamarín cada vez que se anunciaba al mediocentro fichado de la Roma. El de Caieiras entró de pie y en su primer partido como bético, en Riazor frente al Deportivo de La Coruña, marcó un golazo de falta directa, dio otro de los cuatro que anotó el Betis aquella tarde, y estrelló otro lanzamiento en el travesaño. Finalizó su etapa en Heliópolis después de 167 partidos y 25 goles, la gran mayoría de ellos de muy bella factura. Para el campeonato 04-05 llegaron Edu y Oliveira, el primero después de una buena etapa en el Celta y el segundo tras un año en el Valencia del que Lopera dijo que lo engañado en el aeropuerto y le cambiaron el destino. Ambos son recordados por el aficionado bético, ya que dejaron una impronta grande. Oliveira, de hecho, regresó años después media temporada para intentar ayudar a que el equipo permaneciese en Primera, pero en un último encuentro dramático ante el Valladolid en el Villamarín, el equipo consumó el descenso. Los brasileños fueron los últimos fichajes sonados que Lopera hizo en el Betis.