Desdibujado y sin chispa, el Betis Baloncesto se cortocircuitó en Burgos. Empezó encogido, nunca le cogió el aire a la noche y acabó desbordado, muy superado. De su primer partido liguero defendiendo la novena plaza de la LEB Oro después de una escalada de mucho mérito en la tabla, los verdiblancos salieron escaldados. No pudieron en ningún momento con el Tizona , un equipo muy sólido, bien construido y mejor optimizado por Diego Ocampo al que el Betis no le halló las costuras ni el modo de hacerle daño. Se jugó siempre a lo que quisieron los burgaleses, que se comportan con una madurez inusitada. Controlaron el rebote, el tempo y minimizaron al Betis , descarrilado por un equipo, la revelación de la LEB Oro, que estará con casi total seguridad en las eliminatorias por el ascenso. Con un 39% en el tiro de campo, un 28% en el triple y un 70% en el tiro libre, si además pierdes de manera abrumadora la batalla en los tableros (23 rebotes por los 38 de los anfitriones…), es imposible inquietar siquiera a este inspirado Tizona. El Betis comprobó rápidamente por qué un recién ascendido a la categoría sin grandes nombres en su plantel está dónde está, en zona destacadísima del play off . El equipo que ha armado Diego Ocampo es un incordio . Varía la altura de las presiones, emplea diferentes tipos de defensas que confunden a sus rivales y juega, con independencia del quinteto en pista, siempre igual: con mucha actividad de piernas, movilidad e intensidad . En los dos primeros cuartos, el Betis apenas fue reconocible. Jugó encogido, la mar de incómodo, como desnaturalizado por el Tizona, casi desactivado. El equipo sintió defensivamente la baja de última hora de Almazán por un problema lumbar. No fue completo el apagón verdiblanco gracias a ese martillo de pilón llamado Eddy Polanco (26 puntos), único haz de luz de los heliopolitanos hasta el descanso y en prácticamente todo el encuentro. Joaquín Rodríguez desapareció pronto de la pista cargado de faltas y permaneció en el banquillo muchos minutos, hasta la recta final del segundo cuarto. Ante la ausencia del uruguayo, el dominicano asumió en soledad las tareas de derribo. Su casillero marcaba 16 puntos al receso . Los dos siguientes máximos anotadores de su equipo sólo sumaban cinco. He ahí uno de los principales problemas del Betis, cuya fortaleza como bloque se resquebrajó en el rebote. La diferencia de intensidad y deseo en este apartado en el primer cuarto causaba sonrojo. El talón de Aquiles, que el Betis había disimulado bien en los últimos partidos, de nuevo al descubierto. El Tizona lo abrasó y sacó mucho partido de las segundas opciones. Jofresa , con un triple inverosímil desde nueve metros, culminaba un parcial de 7-0 que se estiró al 13-2 desde el 10-9 y le daba los mandos del partido a los burgaleses (23-11). Le sacaban la cadena al Betis. De trece fue ya la diferencia (25-12) en el primer cuarto , con los de Savignani haciendo malabarismos para sostenerse. Era un equipo cogido con alfileres. La diferencia se estabilizó en torno a los diez-doce puntos cuando el Betis dio un nuevo estirón cortando líneas de pase, con Faggiano birlando algunos balones y Polanco canjeando puntos. Se situó el Betis a cinco (35-30) y tras una técnica a Saint-Supery dispuso de un tiro libre y un ataque que malogró. Ahí pudo anudarse al choque, pero en lugar de eso encajó un 8-2 por culpa del frenesí de Jacobo Díaz y Jofresa (43-32) . Sin rebote ni triples Al ecuador, el Betis flaqueaba en el rebote, el tiro libre y especialmente en el triple (1/10). De ocho caía al descanso y, vistas las prestaciones colectivas del ataque bético, el partido pasaba por la defensa. Por enmendar la plana en esta faceta y por supuesto también en el rebote . A ellos se puso el Betis, que le negó los puntos a su rival durante casi tres minutos del tercer segmento mientras en ataque lo fiaba todo a Polanco. Dos dianas más del caribeño acercaron al Betis (45-42), que como la hormiguita trabajaba en silencio para cambiar el escenario… sin resultado. Si no se activaban otros resortes en ataque, nada habría que hacer. Los hombres de Savignani hacían falta antes que conceder la canasta fácil, pero los anfitriones acertaban desde el 4.60 y Saint-Supery, de tres, ampliaba a once (53-42). El Betis estaba haciendo la goma . Kuksiks, desaparecido en combate, al fin aterrizaba en El Plantío. Primero con un triple y luego con un dos más uno. Tan pronto se ponía a cinco (55-50) como volvía a estar a doce (63-51). Intermitente en su juego, no reparaba el Betis sus grietas: ni cerraba el rebote (13 capturas en ataque llevaba ya su rival) ni encontraba fluidez en ataque . Nadie escoltaba a Polanco. Para colmo, el Tizona lo transformaba casi todo desde el 4.60 en su peregrinación interminable a la línea (18/20). Al Betis, plano, le faltaba nervio, brío. Una o dos marchas más que no lograba engranar. Era un equipo esponjoso con el depósito de confianza al mínimo. Le tenía comida la moral su rival y el Betis, cuando vio que pintaban bastos, acabó bajando los brazos. Rendido. LEB Oro Ficha técnica Grupo Ureta Tizona Burgos (25+20+24+32): Pacheco (6), Cremo (8), Parrado (2), Seoane (11), Vila (6) -quinteto inicial-; Böhm (2), Saint-Supery (15), Kieli (4), Thiam (5), Jacobo Díaz (13), Jofresa (18), Alonso (11). Real Betis Baloncesto (17+20+17+26): Faggiano (3), Polanco (26), Joaquín Rodríguez (10), Kuksiks (10), DeBisschop (-) -quinteto inicial-; Wembi (12), Marín (1), Hanzlik (2), Domènech (3), Dedovic (6), Berzins (7). Árbitros: Báez Batista, Martínez Prada, Villanueva Tena. Eliminados por faltas personales Seoane y Joaquín Rodríguez. Vigésima cuarta jornada de la LEB Oro. Polideportivo Municipal El Plantío. Caio Pacheco , exverdiblanco, ampliaba a 18 (72-54) y Berzins replicaba antes de que, por un problema electrónico del marcador, el partido se parase varios minutos y todo se enfriase aún más. Quedaban nueve minutos y la sensación era de encuentro finiquitado. Era la realidad. Sin Polanco ni Joaquín Rodríguez en pista, no había partido. Y con ellos activados, tampoco. Todo se alargó en demasía por culpa de los problemas electrónicos de la mesa que cortaban el ritmo y eternizaron la velada. Una agonía lenta como para el Betis. A falta de 2.20, el Tizona ganaba por 22 (93-71) un partido que no salió del mismo carril y deja al conjunto de Savignani fuera de esa novena plaza, pero no de la batalla por conseguirla, cinco días después de instalarse en ese rellano. El Ourense ganó en Castellón (78-81) y se la queda de nuevo momentáneamente en propiedad.