Víctor Fernández, el eterno salvavidas del Real Zaragoza

Cuesta asimilar que un histórico del fútbol español como el Real Zaragoza acumule once temporadas consecutivas en Segunda Divisió n y esté ahora mismo más cerca del descenso a la Primera RFEF que de un posible ascenso a la máxima categoría. No es fácil de digerir para nadie, empezando por los aficionados, quienes se emocionaron como nunca después de un inicio arrollador (cinco victorias en las primeras cinco jornadas), para acabar desilusionados como siempre con la deriva posterior del equipo (solo cuatro triunfos más en los siguientes 25 encuentros). Los dueños del club, que prescindieron de Fran Escribá en noviembre después de caer en el derbi ante el Huesca (0-2), han decidido destituir también a su sucesor, Julio Velázquez, que en 14 partidos no ha sido capaz de mejorar el rendimiento de un conjunto al que se le vuelve a escapar de las manos el ansiado regreso a Primera. La situación es delicada para el décimo club histórico de la Liga, y en los despachos de La Romareda no han encontrado mejor salvavidas que la figura de Víctor Fernández , anunciado este lunes como nuevo entrenador hasta final de temporada y por una campaña más. El técnico vuelve a su casa para vivir una cuarta etapa en el banquillo y ampliar su registro como técnico con más partidos dirigidos en el club maño, que dejó en 419. El 420 llegará el domingo ante el Espanyol. Una dura prueba para empezar. «Yo estaré siempre eternamente agradecido al Zaragoza. Lo poco o mucho que soy en esta ciudad y en el mundo del fútbol se lo debo a este club», afirmó Víctor Fernández (63 años) en sus primeras declaraciones tras firmar el contrato. «Eso ya es una razón poderosísima para acompañar a esta afición a que, entre todos, logremos enderezar el rumbo». La historia conjunta de Víctor Fernández y el Zaragoza es tremenda. Pocos precedentes hay de entrenadores que hayan estado en un mismo banquillo en cuatro décadas distintas. En marzo de 1991 entrenaba al Deportivo Aragón cuando el despido del uruguayo Ildo Maneiro le colocó de un día para otro en el banquillo del Zaragoza por primera vez. Víctor acabó salvando al equipo del descenso en un playoff por la permanencia ante el Murcia y al año siguiente, apoyado casi en la misma plantilla, con Cedrún, Aguado, Pardeza, Poyet o el Paquete Higuera como referentes, clasificó al equipo para Europa. Un año más tarde jugaría su primer final de Copa, perdida ante el Real Madrid. Al año siguiente se tomó la revancha y ganó su primer título copero ante el Celta, en los penaltis. Un año después llegó su gran éxito: la Recopa ganada al Arsenal con un gol para la historia de Nayim. El matrimonio, entonces, parecía irrompible, pero poco más tarde llegó el inevitable desgaste. El primer cese de Víctor llegó en la temporada 96-97. Su primer regreso se produjo una década más tarde, ya bien entrado el siglo XXI y con el Zaragoza aún en Primera. Con él se logró la última clasificación europea, en 2007. El tercer reencuentro de Víctor con el banquillo maño llegó en diciembre de 2018, ya sumido el club en su depresiva estancia en Segunda. El primer año lo salvó. En el segundo, solo la pandemia impidió el regreso a Primera. El Zaragoza marchaba segundo cuando el coronavirus paralizó el mundo. Al regreso de la competición el equipo se vino abajo. Jugó el playoff, pero cayó a la primera ante el Elche. Entre medias de todas esas etapas, Víctor se ganó una merecida fama de trotamundos: Tenerife, Celta, Betis (en dos etapas), Oporto, Gante y Deportivo, además de una estancia de dos años en el Real Madrid como coordinador de la cantera, han sido sus equipos. En ninguno alcanzó el éxito y el reconocimiento que alcanzó en casa. El nuevo míster, que entrenó por primera vez a sus jugadores este martes, antes de su presentación oficial, aseguró estar viviendo «un cóctel de emociones». «Estoy feliz e ilusionado con esta nueva etapa. Muy responsabilizado también por la realidad, que no es la mejor. Hay que afrontarla con valentía y decisión. Y esperanzado en que todo va a tener un final feliz». Por delante le quedan doce jornadas en las que el primer objetivo será alcanzar los 50 puntos que le garantizarían la permanencia (ahora tiene 37). Los puestos por el ascenso, ahora a 11 puntos de distancia, parecen una quimera.

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Author: Pablo Perez