Cabeza fría, corazón caliente. Es un concepto que ha sido repetido en innumerables ocasiones por los protagonistas del derbi. Una idea que dibuja a este cíclico pulso de eterna rivalidad como el de las vísperas más comedidas. Los únicos que han sacado los pies del tiesto han sido agentes externos que no están en la dinámica de los equipos. Y es que las consignas internas han estado claras: no hay que calentar el ambiente. Ya hay pasión de por sí en duelos como estos, las aficiones no necesitan extra de picante y el choque tiene su propio interés deportivo. Nadie quiere equivocarse y así lo han hecho todos los que han tenido un micrófono delante. Las arengas quedan dentro de los vestuarios. La normalidad ha presidido no sólo las palabras sino los actos de cada club en esta semana tan larga. Hacía más de una década (quitando el parón por el Covid entre marzo y junio de 2020) que no se vivía un derbi con unas previas tan prolongadas. Los compromisos europeos de ambos conjuntos siempre han influido en el calendario para acortar los dimes y diretes de las jornadas anteriores al duelo pero en esta ocasión han durado desde la noche del lunes, cuando el Sevilla firmó el triunfo ante el Mallorca, hasta que empiece a rodar el balón mañana domingo a las 21.00. La relación institucional entre ambos clubes se han estabilizado en los últimos tiempos después de algunas tiranteces en años anteriores, como toda la polémica posterior a la agresión a Joan Jordán con el palo lanzado desde el Gol Sur del Villamarín o el veto verdiblanco a Monchi tras achacarle un mal comportamiento en el palco en el duelo de la pasada temporada cuando aún era director deportivo sevillista. Los presidentes de ambas entidades, Ángel Haro y José María del Nido Carrasco, han escenificado la cordialidad entre ambos clubes con la foto conjunta con el alcalde, José Luis Sanz, en la Plaza de España . La responsabilidad de los dirigentes se expresa en imágenes de esta magnitud y los dos presidentes han sabido evitar palabras que calienten el derbi como sí sucedía en algunos de sus antecesores en los cargos no hace tantas temporadas o los comentarios que ellos mismos han podido efectuar sobre los rivales en anteriores ocasiones. Los técnicos y los jugadores han toreado las cuestiones más peliagudas, evitando encender el derbi. No han respondido ni siquiera a las bravatas de un ex como Caparrós . «Siempre dicen que este es el partido que se va a ganar. Y luego pasa lo que pasa. Que se van con la cabeza gacha», dijo en Canal Sur. «Lógicamente, los sevillistas ya partimos con seis puntos cuando se hace el calendario y eso siempre es bueno», añadió posteriormente el utrerano. «No lo he leído, así que no sé lo que ha dicho. Pero cada uno tiene derecho de expresar sus opiniones, más inteligentes o más tontas. Este partido no necesita extramotivación ni ninguna persona que pueda decir alguna frase para ser notoria», dijo Pellegrini al respecto evidenciando la consigna general pero con distancia y sin entrar en el barro. Quique, por su parte, no se salía de ese carril. «Percibo el carácter de final, de partido que no se puede perder. Tanto de uno y otro lado somos futbolistas y entrenadores que hemos pasado por partidos importantes. Cada uno querrá que pase lo mejor posible para los suyos. Pellegrini representa la profesión extraordinariamente. Es cabal, inteligente, siempre mantiene el tipo y defiende la profesión con una honestidad brutal. Me parece un entrenador excelente. Han sumado un mercado excelente. Están todos muy bien. Vienen compitiendo en la regularidad muchos años». «En estos partidos es muy importante tener la cabeza fría y el corazón caliente. El derbi con la presión del público lleva a errores y se puede decidir por cuestiones extra deportivas pero intentaremos controlarlo», añadía el chileno en sus declaraciones dejando claro que no iba a entrar en historias que subieran el mercurio antes de tiempo, dado que es el campo el que debe mostrar esta pasión. «Evidentemente hay una sobre motivación, como todo el mundo sabe, pero hay que darle esa parte de calma y cabeza fría porque también, dentro de la intensidad que se le pueda meter, hay que tomar buenas decisiones. Lo llevamos bien, sabemos cómo se vive y cómo hay que llevarlo. Vamos a salir a comernos el césped, a por todas, a disfrutar del partido, del momento. Y ojalá consigamos los tres puntos, que es lo que queremos», afirmaba el bético Marc Roca en su entrevista con ABC de Sevilla . Y al mismo tiempo el sevillista Acuña lo veía así: «Todos los partidos son motivadores y más un derbi. Es lindo jugarlo, ojalá consigamos los tres puntos, pero primero hay que jugarlo y luego salir a hablar». Joaquín, por ejemplo, era otro de los protagonistas que no quiso entrar al trapo para elevara la tensión, sino que buscaba los lugares comunes de un encuentro así: «Este tipo de partidos sabemos que son más que tres puntos por todo lo que significa, por lo que se calienta desde dentro o de fuera. Lo bonito del derbi de esta ciudad es que tenemos una identidad , eso es lo que hay que disfrutar y vender. Este sentimiento es muy bonito». Está claro también que los dos vestuarios se están conteniendo a la hora de expresar lo que realmente les apetecería decir, sobre todo por seguir el buen orden y por no provocar una mayor motivación en las filas oponentes como reacción. Quizás cuando acabe el partido, y en función del resultado, algunas declaraciones serán diferentes pero eso ya se verá cerca de la medianoche de este domingo y en los días posteriores al derbi. Un partido que llega envuelto en la concordia dentro de unas vísperas más largas y comedidas de lo normal. Mucho tiempo en el que los protagonistas han evitado cometer errores que tengan incidencia de cara al derbi. Ahora, con todo dicho, resta que el balón ruede y que toda la pasión e intensidad se muestre sobre los 105×68 metros del Villamarín. En las gradas estará el calor de más de 55.000 béticos y, en la zona visitante, 530 sevillistas. Y en los bares, oficinas y diferentes trabajos, las tertulias habituales.