El cielo insólito que se le ha abierto al Barça tras el excelente partido en París puede significar la gloria que precipite la desgracia. Una ola de entusiasmo populista puede envolver a Laporta si el equipo llega a la final de la Champions y ya no digamos si la gana. Pero el milagro o carambola -no asegurado pero desde luego no tan improbable como parecía antes del Parque de los Príncipes – no saneará las finanzas desvallestadas de un club en quiebra técnica y gestionado del modo menos profesional imaginable, siempre desde la improvisación y la falta de transparencia. La deuda, la masa social excesiva, las inciertas obras turcas del Camp Nou, las ramificaciones que aún puede tener el caso… Ver Más