La infraestructura verde se define como una red estratégicamente planificada de zonas naturales y seminaturales de alta calidad con otros elementos medioambientales, diseñada y gestionada para proporcionar un amplio abanico de servicios ecosistémicos y proteger la biodiversidad. En el ámbito urbano, esta infraestructura cobra especial importancia, aportando beneficios esenciales a la ciudad, como la mejora de la calidad de vida y del bienestar de sus habitantes, la mejora de la biodiversidad urbana, la protección contra la aceleración del cambio climático y un enfoque más inteligente, resiliente e integrado de desarrollo sostenible. En Madrid vienen realizándose cada vez más actuaciones para que los elementos naturales de algunos de sus barrios desplieguen su fuerte potencialidad en la aportación de aquellos beneficios ecosistémicos, dotando así a los espacios públicos en que se interviene de un reconocimiento urbano y ambiental decisivo para su desarrollo como áreas saludables. Los gestores urbanos hemos de asumir la responsabilidad de explicar la importancia de la infraestructura verde en la generación o regeneración de la ciudad, algo cada vez más asumido por todos aquellos que tenemos la tarea de hacer y mejorar la ciudad, aunque no siempre con la energía suficiente. La importancia de la naturaleza y del paisaje en el entorno urbano está siendo objeto en las últimas décadas de una creciente intervención de las administraciones respecto a su integración en el hecho urbano, en la ciudad. Sin embargo, nos queda una importante labor por delante, cual es la contribución decidida de los gestores, públicos y privados, en mitigar la falta de entendimiento del funcionamiento de la naturaleza en la ciudad, evitando el uso partidista o ideologizado de este conocimiento. Noticia Relacionada estandar No Almeida se pone manos a la obra: los proyectos en los que se materializará el dinero en 2024 Cris de Quiroga Los primeros presupuestos de la mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Madrid refuerzan la plantilla policial y la limpieza de zonas verdes Los conceptos de renaturalización, regeneración o reconstrucción de ciudades están ya insertos en las políticas europeas, conscientes de los beneficios y oportunidades que introducen en la escala urbana, hablándose así de las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) como herramientas indiscutibles que la planificación urbana ha de contemplar para la consecución de la imprescindible sostenibilidad y como base para el necesario incremento de la resiliencia de nuestras ciudades. Esas SbN se centran en dos aspectos esenciales: por un lado, en la planificación, desarrollo y ejecución de nuevos barrios verdes y, por otro, en la regeneración y el reverdecimiento de la ciudad construida y de aquellas zonas urbanas, periurbanas, industriales, que se encuentren en proceso de abandono o cuya rehabilitación requiera el planteamiento de estas SbN. Planificación estratégica En el caso español se están promoviendo diferentes fórmulas de definición de los elementos que componen las infraestructuras verdes regionales, concretadas después en el ámbito local de distintas maneras. Así, mediante proyectos específicos coordinados por las administraciones autonómicas, a través de herramientas de planificación estratégica municipal o sirviéndose de los instrumentos de planeamiento urbanístico ya consolidados por la legislación sectorial, con amplia tradición municipalista. A pesar de ello, todavía no está institucionalizada plenamente la variable multiescalar de la infraestructura verde que insinúan las SbN. Estas infraestructuras, junto con los planes de renaturalización y un amplio catálogo de acciones ambientales más específicas han de constituir la base para la sostenibilidad ambiental, económica y social de la ciudad de nuestro siglo. Conviene en este punto, soslayando en lo posible la fácil ideologización de los discursos, hablar de la justicia espacial que ha de regir este nuevo paradigma . En efecto, el acceso a espacios públicos en que la naturaleza esté armónicamente integrada en la ciudad construida o en los nuevos barrios puede llevar a la denominada gentrificación verde, actuando estos espacios como reclamo para las rentas más altas y derivando en procesos de exclusión social. Ahora bien, tales escenarios pueden evitarse a través de la introducción de determinados estándares en la ejecución de las actuaciones urbanizadoras o regeneradoras , que den continuidad y homogeneidad a la infraestructura verde proyectada. Ello requiere, de nuevo, la existencia de gestores con amplios conocimientos sobre la gestión de aquella infraestructura, como fórmula para evitar las discontinuidades espaciales o la inadecuada integración de sus fundamentos. Así, han de ser capaces de identificar y analizar el conjunto de espacios abiertos del territorio urbano en el que actúan, distinguiendo áreas verdes urbanas, áreas silvestres periurbanas, áreas productivas, corredores hídricos, suelos vacíos o brownfields, bordes y zonas de riesgo, con el principal objetivo de activar el potencial de conectividad y complementariedad entre todos ellos y facilitando, en definitiva, aquella continuidad de los espacios verdes urbanos. Inercias de la técnica Hemos de superar, pues y con cierta urgencia, algunas inercias de la técnica urbanística llamémosla clásica, que reducen el papel de las áreas o zonas verdes al de equipamientos, trascendiendo este planteamiento hacia su consideración como infraestructura, lo cual dotará al gestor de herramientas para activar y facilitar aquella proclamada justicia espacial. No es baladí recurrir al lenguaje, en este caso a la RAE, para dimensionar y explicar el concepto de infraestructura , definiéndolo en la segunda acepción de su diccionario como conjunto de elementos, dotaciones o servicios necesarios para el buen funcionamiento de un país, de una ciudad o de una organización cualquiera. La adjetivación como verde de la infraestructura plantea, después, su conformación e integración por aquellos elementos naturales que se identifiquen como aptos para su contribución al funcionamiento adecuado de la ciudad mediante el favorecimiento del flujo de bienes ecosistémicos. Así, la infraestructura verde integrará la red urbana destinada específicamente al mantenimiento, soporte vital y funcionamiento adecuado de los ecosistemas antropizados urbanos, apoyados por la circunstancia, ya evidente, de que las soluciones naturales aventajan a las soluciones grises para acometer y resolver los problemas de sostenibilidad y resiliencia que enfrentan las ciudades. Todo ello requiere, como fundamento esencial para la misma concepción y existencia de la infraestructura verde urbana, el que tales consideraciones se contemplen en todas las escalas de la ordenación territorial y urbanística y en ello habrá de avanzarse con mucho mayor empeño en las próximas décadas. En este sentido la ciudad de Madrid, como avanzaba, viene dando pasos decididos que habrán de ser refrendados, eso sí, por las regulaciones o reglamentaciones de toda índole que se implementen con tal objetivo, constituyend o una de las herramientas más destacadas para conseguirlo el proyecto municipal de Bosque Metropolitano , al que habrá de proporcionarse un encaje normativo que permita el despliegue de su extraordinario potencial con la necesaria seguridad jurídica que una actuación de semejante calibre sin duda precisa. La multifuncionalidad y multiescalabilidad de una actuación como esta habrá de combinarse con unos adecuados atributos de gobernanza que permitan, sobre todo, la adecuada gestión de la infraestructura cuando se ponga en marcha. Los bosques urbanos, periurbanos o metropolitanos constituyen, sin duda, los elementos o componentes más trascendentes de la infraestructura verde y ello quedará reflejado en este Bosque Metropolitano madrileño , llamado a convertirse en una de las actuaciones más importantes en su ámbito en la escena internacional. El enfoque holístico que ofrecerá el paisaje generado por el Bosque Metropolitano actuará como una herramienta de cohesión del entorno natural con el entorno urbano construido y la escala regional, desplegando todos sus beneficios asociados para ciudadanos y ecosistemas. Por ello, uno de los principales retos de este Bosque Metropolitano, salvado el más relevante de su encaje normativo en el urbanismo madrileño, consistirá en lograr la integración de esta infraestructura verde en la política municipal y autonómica madrileña de manera que se conciba por todos los implicados como planificación estratégica esencial para el futuro de la ciudad y de su área metropolitana. Integrar todas las visiones Importante, también, la intervención en su diseño y ejecución, tanto a escala de proyecto como a pequeña escala, de equipos multidisciplinares capaces de integrar todas las visiones que contribuyan a resolver la integración adecuada de todas las funciones, ecológicas o ambientales, urbanas y sociales, implicadas en el éxito global de la actuación. Todo ello requerirá, como punto de partida para la adopción de decisiones, de la concienciación y el aprendizaje por planificadores y gestores urbanos, para que superen escenarios pretéritos y no permitan que se subestime el papel de los espacios verdes en el desarrollo y en el futuro de la ciudad, lo cual contagia, siempre ocurre, a aquellos de los que depende el establecimiento de prioridades políticas y presupuestarias. Al propio tiempo, y no sólo para el proyecto de Bosque Metropolitano, sino considerando la infraestructura verde municipal de manera global, habrá de superarse la perspectiva clásica que afecta a la gestión verde municipal en España, relacionada con el mantenimiento de parques y jardines, visión que debe evolucionar hacia el concepto de gobernanza integral, que permitirá atender a aquel objetivo del mantenimiento desde una visión integral de las acciones y desde la especialización. El interés general impone la búsqueda de la excelencia y de resultados en la gestión de las infraestructuras verdes, consideradas, claro es, como servicio público esencial. En tal sentido, obviando también ahora la indeseable ideologización de los discursos y centrándonos en gestión y resultados, habrá de considerarse por las administraciones madrileñas aquello que ya vienen contemplando en los últimos años, la colaboración público-privada como herramienta que mayor eficacia aportará en la gestión de los proyectos y de las infraestructuras resultantes. La generación de valor añadido que aporta la iniciativa privada permitirá a la administración el establecimiento de sistemas de gestión más eficaces en los que la flexibilidad, el acceso a tecnologías de vanguardia, la transferencia de conocimientos hacia la administración o el mayor acceso a financiación, concluya con la implantación de una gobernanza eficaz marcada por las variables de gestión, inversión y explotación. El patrimonio verde de Madrid es rico y variado, con una superficie muy considerable de parques y zonas verdes, superando holgadamente la ratio óptima de superficie verde por habitante indicada por la Organización Mundial de la Salud, fijada entre 10 y 15 m2 de zona verde por habitante, mientras que Madrid se acerca a los 20 m2 por habitante y supera la cifra de 5,5 millones de árboles, situándola entre las capitales más arboladas del mundo. El reconocimiento, establecimiento y mejora de las infraestructuras verdes ha de suponer un cambio en la gestión de los espacios verdes, hacia una gestión integral y holística, cuyos sistemas sean aplicados por igual en todos aquellos espacios, con las lógicas variaciones que cada uno de ellos imponga, pero considerando el completo sistema como un servicio público esencial y uniforme en cuanto a su alcance y prestación. Los gestores urbanos, en definitiva, hemos de saber explicar los beneficios económicos, sociales y ambientales que implica el mantenimiento y la adecuada gestión de las infraestructuras verdes. Sirva el ejemplo que procura la medición del ahorro de energía que implica el efecto de la sombra de los árboles, que por sí mismo puede cambiar el debate sobre coste y beneficio de la infraestructura verde. Ello hará mirar a los árboles no solo como elementos estéticos y de esparcimiento, productores de beneficios sociales y ambientales, sino como estrategias de inversión y de ahorro económico de primer orden.