Entregado a la causa, implicado y empecinado en apropiarse de la novena plaza para alagar la temporada, el Betis Baloncesto juega cada jornada contra sí mismo y el rival de turno. Cada partido es una batalla, una prueba más de superación de un grupo superoptimizado al que, esquilmado de recursos por las circunstancias que ya se conocen, se le está sacando todo el jugo. Este domingo, jugando de nuevo en casa, se ha vaciado otra vez. Lo ha intentado por activa y por pasiva , explorando muchas vías, incluso alternando defensas zonales con individuales, pero no ha podido contrarrestar el potencial superior de una plantilla como la del San Pablo Burgos. Que tiene más recursos y más talento. Los catorce triples visitantes (50% de efectividad) marcaron la diferencia en un choque roto en el último cuarto, cuando más evidente era ya la escasez de combustible de los verdiblancos, sin fuelle ni capacidad ya suficiente de respuesta en un momento crítico ante el arsenal que exhibieron los hombres de Jota Cuspinera en los minutos decisivos. Con Luke Fischer, qué coraje da la histórica maldición de los ex, cerrando el partido. Sin corsés arrancó, con el San Pablo Burgos metiéndole piernas y velocidad para desmañar al Betis y hacerlo sufrir. Negaba la línea de pase, atornillado en el uno para uno, con los verdiblancos atascados en el desbroce de su defensa . Tenían que tirar de recursos individuales mientras los invitados activaban la catapulta del triple. Con 12-18, Joaquín Rodríguez levantó al pabellón con dos encestes de orfebrería: una bandeja en rectificado, de espaldas; y otra limpia con la izquierda. Rogic se apuntaba la fiesta triplista, pero el Betis se agarraba al partido con su segunda unidad (muy bien Hanzlik y Berzins) y equilibraba. Ya había hecho el equipo un esfuerzo titánico para contestar al salvaje despliegue en el tiro exterior (cinco triples convertidos) de los burgaleses. Kuksiks inauguró la cuenta perimetral del Betis nada más comenzar el segundo cuarto y en la siguiente jugada taponaba Berzins a Kasibahu. No conforme con ello, también enchufaba desde el arco. Y por duplicado. Que exhibición del letón en las dos orillas (30-23). Como si hubiera rejuvenecido cinco años . El báltico subía el parcial hasta el 13-3… y todo ello con Joaquín Rodríguez en el banco. Con 30-30, otra vez nivelada la mañana, regresaba el charrúa en esa cronometrada rotación de Savignani, que tira de Excel para no machacar a su tropa, de sólo diez efectivos. Hasta Domènech, descalificado el miércoles tras dos minutos en la pista, rascaba personales de tiro. En defensa, el partido estaba en el rebote y el triple. En colapsar el tiro del San Pablo Burgos, claro, ya que estaba encelado con el aro: Rosa anotó el séptimo de la cuenta visitante en quince minutos y Savignani llamó a sus chicos a capítulo. Por ahí manaba sangre y era necesario un torniquete. El Betis picaba piedra en el rebote, todos a una en un esfuerzo conmovedor, mientras Joaquín, madera de líder , orquestaba todas las maniobras y escaramuzas ofensivas. Qué vigor, calidad y cuánta ambición (40-35). A veces, hasta se pasaba de frenada, mas cuando robaba, salía como una centella, al galope. Atrás, el equipo jugaba al despiste, mezclando la zona con la individual para confundir a su rival . Mientras, Polanco (negativa valoración al receso) hacía lo indecible por encontrarse. Ofuscado, no estaba asentado, errando lo que no suele, y el Betis lo necesitaba. Berzins, más vivo que Fischer, sacaba falta de tiro en un rebote de ataque (43-37). El tercer triple de Millán Jiménez, octavo de su equipo, clausuraba una primera parte (43-42) densa y frenética, de gran nivel, con el Betis con toda la cuerda dada. De regreso a la acción, le agotó la posesión al San Pablo Burgos con una excelente defensa. Dos bandejas de Faggiano ampliaron a cinco (47-42) y pudieron ser hasta ocho, pero Polanco continuaba atascado, sin swing, sin puntos. Se estaba exprimiendo en defensa el Betis, al menos lo intentaba, pero no llegaba a todo y no pudo tomar ventaja. Es más, la perdió toda cuando el San Pablo Burgos tiró de recursos, múltiples son, y aceleró. Réplica y contrarréplica Los triples que no le entraban al Betis sí los transformaba su rival, máquina de repetición perimetral. Una fuente de alimentación inagotable. Millán tenía la equis marcada en todas las esquinas. Un parcial de 4-13 (51-55), con Joaquín Rodríguez emitiendo ya señales de agotamiento, puso al equipo en un brete . En la defensa zonal se refugiaban de nuevo los verdiblancos. La inesperada conexión Rogic-Ristic, un trabalenguas, hacía mucha pupa mientras Polanco aliviaba su gaznate punto a punto desde el 4,60. Su carta de tiro era terrible (1/9). Sin la sociedad con Polanco a tope, el Betis perdía amenazas y cada vez le costaba más seguir a rueda de su rival (59-65, triple de Barrera). Parecía casi un milagro que estuviera a dos, tras triple de Kuksiks (63-65) , cuando tronó la bocina del tercer asalto. A esas alturas era mayor la valoración colectiva del Betis (82 a 61). Una mala defensa y una pérdida de Faggiano lo complicaron todo de nuevo. Muchísimo (63-69). El agotamiento hacía mella, mas el Betis rezongaba, que no estaba muerto. Después de que a Kuksiks le birlaran una falta de tres tiros, hizo una defensa colosal para sostenerse. Posiblemente la última. Ese esfuerzo hercúleo pagaba en ataque. El equipo boqueaba. Si fallaba bandejas era porque ya las piernas no respondían . Se le negaban los triples (8/27) y, si Polanco seguía muy lejos de su mejor versión, a Joaquín lo abandonaba también el acierto en ese momento crítico mientras Gonzalo Corbalán frotaba la lámpara para iluminar el camino de la victoria burgalesa (66-73). Por enésima vez contra las cuerdas, el Betis salió a flote con un parcial de 5-0 de sus dos estrellas (71-73). Kuksiks respondía a Speight (74-76), pero no a Barrera. El San Pablo colonizaba el partido desde el triple (74-79) y entonces apareció Luke Fischer para apuntillar el duelo difuminando la esperanza de la remontada que el Betis, en una eterna persecución, buscó de todas las maneras, vaciándose y dejándose el alma. Lapornik, con el triple número catorce de los burgaleses , finiquitaba el pleito completando un parcial de 2-12, ya con el Betis rendido, sin fuerzas. No tenía más carburante en el depósito.