Lejos de acelerar la modernización y expansión de las redes eléctricas para adaptarlas al nuevo patrón energético, la reciente revisión de la Planificación Eléctrica ha reducido a la mitad, hasta 500 millones de euros, los fondos europeos previstos para financiar proyectos de conexión de nueva generación, que apenas deja espacio para una realidad tan básica como el servicio de carga de los vehículos eléctricos. Hasta la elaboración de la próxima planificación (2025-2030), la decisión del Ejecutivo deja sin atender las numerosas solicitudes de nueva capacidad para la industria (6 GW) y da al traste con algunos proyectos de desarrollo industrial y económico vitales para algunas regiones, como ese sueño de convertir al país en un hub de los omnipresentes y vitales centros de datos en Europa. Esta pérdida de oportunidad queda patente al compararla con los ambiciosos planes adoptados recientemente por Francia para aumentar la electrificación y reducir las emisiones contaminantes. El operador de la red de transporte, RTE, ha iniciado la consulta previa para el Plan Decenal de Desarrollo de Red (SDDR por sus siglas en francés) entre 2035 y 2040 con el objetivo de adaptar las redes al despliegue de renovables y las necesidades de descarbonización. En contraste con España, la red eléctrica de nuestros vecinos conectará los principales polos industriales franceses, acogiendo entre 13 y 15 GW de demanda industrial (electrificando la industria existente y nueva industria net-zero local) y otros 3-5 GW de centros de datos. Así, el plan francés contempla un aumento de la demanda eléctrica de 20 GW. La inversión proyectada en redes en Francia es casi tres veces mayor que la máxima autorizada en España. Mientras que RTE propone una inversión prioritaria de alrededor de 100.000 millones de euros en la red de transporte de 2024 a 2040. En Francia, el SDDR no solo se centra en el desarrollo integral de la red para la descarbonización y la industrialización a largo plazo, también aborda cuestiones como la priorización del acceso y conexión de determinados agentes (generadores y demanda), identificación de áreas de aceleración de renovables y polos de reindustrialización, y las necesidades de la cadena de suministro local. Mientras tanto, en España, las medidas adoptadas se limitan a correcciones sobre la planificación existente y apenas contemplan los objetivos a largo plazo del PNIEC (Plan Nacional Integrado de Energía y Clima). La diferencia en enfoque entre Francia y España refleja una visión más audaz y comprometida por parte de Francia hacia la descarbonización y la electrificación. Mientras Francia avanza con planes concretos para integrar una capacidad significativa de generación renovable y apoyar el desarrollo industrial net-zero, España se enfrenta a retrasos que afectan negativamente a la industria y a las oportunidades económicas asociadas a la electrificación.
Lejos de acelerar la modernización y expansión de las redes eléctricas para adaptarlas al nuevo patrón energético, la reciente revisión de la Planificación Eléctrica ha reducido a la mitad, hasta 500 millones de euros, los fondos europeos previstos para financiar proyectos de conexión de nueva generación, que apenas deja espacio para una realidad tan básica como el servicio de carga de los vehículos eléctricos. Hasta la elaboración de la próxima planificación (2025-2030), la decisión del Ejecutivo deja sin atender las numerosas solicitudes de nueva capacidad para la industria (6 GW) y da al traste con algunos proyectos de desarrollo industrial y económico vitales para algunas regiones, como ese sueño de convertir al país en un hub de los omnipresentes y vitales centros de datos en Europa. Esta pérdida de oportunidad queda patente al compararla con los ambiciosos planes adoptados recientemente por Francia para aumentar la electrificación y reducir las emisiones contaminantes. El operador de la red de transporte, RTE, ha iniciado la consulta previa para el Plan Decenal de Desarrollo de Red (SDDR por sus siglas en francés) entre 2035 y 2040 con el objetivo de adaptar las redes al despliegue de renovables y las necesidades de descarbonización. En contraste con España, la red eléctrica de nuestros vecinos conectará los principales polos industriales franceses, acogiendo entre 13 y 15 GW de demanda industrial (electrificando la industria existente y nueva industria net-zero local) y otros 3-5 GW de centros de datos. Así, el plan francés contempla un aumento de la demanda eléctrica de 20 GW. La inversión proyectada en redes en Francia es casi tres veces mayor que la máxima autorizada en España. Mientras que RTE propone una inversión prioritaria de alrededor de 100.000 millones de euros en la red de transporte de 2024 a 2040. En Francia, el SDDR no solo se centra en el desarrollo integral de la red para la descarbonización y la industrialización a largo plazo, también aborda cuestiones como la priorización del acceso y conexión de determinados agentes (generadores y demanda), identificación de áreas de aceleración de renovables y polos de reindustrialización, y las necesidades de la cadena de suministro local. Mientras tanto, en España, las medidas adoptadas se limitan a correcciones sobre la planificación existente y apenas contemplan los objetivos a largo plazo del PNIEC (Plan Nacional Integrado de Energía y Clima). La diferencia en enfoque entre Francia y España refleja una visión más audaz y comprometida por parte de Francia hacia la descarbonización y la electrificación. Mientras Francia avanza con planes concretos para integrar una capacidad significativa de generación renovable y apoyar el desarrollo industrial net-zero, España se enfrenta a retrasos que afectan negativamente a la industria y a las oportunidades económicas asociadas a la electrificación.