En un mundo globalizado, lo lógico es que casi todos los organismos, sociedades o empresas con cierto músculo cuenten con capital de orígenes geográficos diferentes. El capital extranjero se ha convertido en el salvoconducto para muchas de esas instituciones que, ante la falta de músculo financiero local, deciden abrirse al mundo. No obstante, este tipo de decisiones conlleva ciertos riesgos. El desapego del que invierte y la despersonalización de la transacción hacen que los vínculos sean más débiles en momentos de vacas flacas. En la liga española tenemos ejemplos muy claros, como pueden ser Málaga y Valencia. En Sevilla, el fútbol se vive de una forma muy particular, ya seas de Nervión o de Heliópolis, y eso de que la… Ver Más