Las llamadas a dimisión cayeron ayer sobre Olaf Scholz como pedrisco. Incluso desde Moscú, el expresidente Medvédev se sintió legitimado para invitar al canciller alemán a dejar su cargo y convocar elecciones. «La consecuencia lógica son nuevas elecciones, un voto de confianza y la dimisión», zanjaba el presidente de Baviera, Marcus Söder, mientras el gran ganador de las elecciones europeas en Alemania, el presidente de la Unión Cristianodemócrata (CDU) , Friedrich Merz, hablaba de «un gran ajuste de cuentas del electorado con el gobierno federal». «Para los partidos del Gobierno ha sido un completo desastre», decía Merz, que mencionó «resultados miserables» y pidió un voto de confianza en el Bundestag. Scholz guardó estricto silencio hasta una comparecencia fijada hace meses… Ver Más