Nuevo emocionante episodio en el Tour . Triunfo al esprint del francés Anthony Turgis , la primera de su carrera en una gran vuelta, en una novena etapa marcada por la tensión entre los gallos, esos que aspiran a vencer en Niza, pues por primera vez en la historia la prueba no acabará en París debido a los Juegos Olímpicos. Volvió a ser Pogacar el agitador, con varios ataques para probar a sus rivales, pero Evenepoel y Vingegaard , aunque sufrieron problemas mecánicos, respondieron con una fiabilidad máxima. Nadie consiguió abrir brecha y los focos, en los últimos kilómetros, se desplazaron a la cabeza de carrera, donde Turguis se impuso en los últimos metros a Tom Pidcock y Derek Gee. El español Álex Aramburu fue cuarto. La novena etapa del Tour parecía dirigida por George Miller. Viento, polvareda y duelos a toda velocidad fue el resultado de la ingeniosa novedad introducida por la organización, que para la jornada combinó el asfalto habitual con caminos de tierra y gravilla. La escena, en lo deportivo y en lo visual, fue fantástica. En lo que parecía un yermo postapocalíptico, los grandes favoritos mantenían una suerte de guerra fría. Pogacar y Evenepoel lanzaban el anzuelo para ver cómo reaccionaban sus enemigos, pero los ataques no llegaban a cuajar. Mandaba la prudencia. El turbulento recorrido no solo afectaba a las piernas, también a las máquinas, y hombres como Vingegaard y el mismo Evenepoel tuvieron que cambiar de bicicleta por avería. La peor parte se la llevó Aleksandr Vlasov (Red Bull) tras irse al suelo en un pequeño descenso. Pero el ruso, duro como una piedra, con agujeros en su maillot y sangre en el rostro, no tuvo problemas en continuar. Era una jornada extraña, expectante de que alguien la dinamitase, pero muy adictiva. El pirómano, como no podía ser de otra manera, fue Pogacar. A 20 kilómetros de meta, el esloveno pisó el acelerador, aunque Vingegaard y Evenepoel le tenían bien cogida la matrícula. El balcánico lo intentó y quiso hacer daño, pero a sus esfuerzos se los llevó el viento. Todo el mundo estaba pendiente de la pelea de gallos, momento en el que el también belga Jasper Stuyven vio una oportunidad y se lanzó a por la victoria. Sacó una ventaja importante el ciclista de Trek, siempre es un honor ver a un ciclista valiente, pero el destino puede ser cruel y, a menos de un kilómetro para el final, fu atrapado. Se agitó el avispero, cinco hombres competían por el premio gordo, entre ellos el español Álex Aramburu. El irlandés Healy prendió su mecha antes de tiempo y fue Turgis el que levantó los brazos finalmente.