La contratación de Marco Antonio ‘el Fantasma’ Figueroa (Valparaíso, 1962) ha cambiado el ánimo a los aficionados de la selección de fútbol de Nicaragua, que llevan meses sin dejar de sonreír porque su país se mantiene invicto desde que el entrenador chileno pasara a ocupar el banquillo. Habituados durante décadas a encadenar derrotas, catorce partidos consecutivos sin perder han disparado el gran sueño de los nicaragüenses. Conseguir ver por fin a su combinado clasificado para un Mundial y el próximo (Canadá, Estados Unidos y México 2026) aparece ahora en el horizonte como un reto real. Admirador de técnicos con estilos de juego tan antagónicos como José Mourinho, Pep Guardiola o Jurgen Klopp, Figueroa ha provocado una revolución deportiva, y sobre todo disciplinaria, en la selección centroamericana, donde ha establecido unas estrictas normas. Esas prohibiciones chocan con el perfil de la inmensa mayoría de los futbolistas del siglo XXI. «No me gustan los cortes de pelos raros , no me gustan los cortes de pelos pintados, no me gustan los tatuajes cuando son excesivos. Hay muchas cosas que no me gustan», explicaba el seleccionador en una reciente entrevista en Youtube. No son sus únicos vetos. Exige máxima concentración, profesionalidad absoluta y el uso de teléfonos móviles en las concentraciones y los entrenamientos está ahora castigado con unas fuertes multas. Las limitaciones del chileno, sin embargo, van más allá y también le gusta tener controlada la alimentación de sus internacionales. «Uno de los hábitos más difíciles de cambiar es que los jugadores dejen de poner picante o chile en las comidas », confesaba, aunque agradecía el esfuerzo que están realizando los suyos: «Ya han entendido que es por su bien». Disciplina en los terrenos de juego y en los hoteles de concentración, donde los jugadores están obligados a sentarse juntos en la mesa y a esperar a que acabe de comer el último compañero para levantarse. «Llegamos juntos y nos vamos todos juntos, eso no se negocia». El Fantasma Figueroa ha establecido otras normas que, sin embargo, son de uso cotidiano en el fútbol de élite en europeo desde hace décadas. Que un jugador de élite se presente en motocicleta en un entrenamiento resulta totalmente impensable en cualquier selección de primer nivel, algo que sin embargo ha sido algo habitual en Nicaragua hasta que el chileno ha instaurado su código. «También han entendido que es muy peligroso para sus carreras profesional. Son muchas las cosas que estamos tratando de corregir para que el jugador entienda que esta profesión es corta y es la más bonita». Una revolución que Figueroa también traslada a los terrenos de juego, donde ha impuesto la filosofía del conjunto por encima de las individualidades. Su modelo de juego ofensivo y vertical funciona, las derrotas no llegan, y los nicaragüenses confían en que el Fantasma les pueda guiar hasta el Mundial 2026. El chileno sabe que esa es su «gran misión» y confía en poder cumplirse con sus particulares normas, dentro y fuera de la hierba.