
El crimen organizado se ha convertido en una amenaza existencial para los pueblos indígenas no contactados de la Amazonía, mientras mineros de oro ilegal, traficantes de drogas, madereros y cazadores furtivos avanzan cada vez más en las profundidades de la selva tropical más grande del mundo.
La cuenca del Amazonas es el hogar de alrededor del 95 por ciento de los pueblos indígenas que viven en aislamiento, con un estimado de 124 grupos viviendo solo en Brasil, según un informe reciente de Survival International, una organización no gubernamental que trabaja con pueblos indígenas en todo el mundo. Aunque comúnmente se les llama no contactados, son conscientes del mundo exterior, y la mayoría ha tenido algún tipo de contacto con él, pero eligen vivir en aislamiento.
Las regiones con las mayores concentraciones de estas comunidades se han convertido en territorios codiciados para las redes criminales y grupos armados, pues ofrecen acceso a lucrativos recursos naturales y oportunidades para llevar a cabo operaciones lejos del alcance de las autoridades.
Algunos de estos actores criminales son grupos armados sofisticados y poderosos, como el Comando Vermelho (CV) y el Primer Comando Capital (Primeiro Comando da Capital – PCC) de Brasil, que operan a través de las regiones fronterizas amazónicas de Brasil, o grupos guerrilleros colombianos como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y los disidentes de las desmovilizadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que invaden tierras indígenas tanto en Colombia como en Venezuela.
Otros, sin embargo, son trabajadores ilícitos, residentes locales y colonos que buscan escapar de la pobreza extrema a través de oportunidades ofrecidas por los empresarios criminales que financian y coordinan el saqueo de la selva.
Todos estos actores representan una amenaza potencialmente mortal para los pueblos en aislamiento. Las operaciones criminales en particular destruyen o contaminan los ecosistemas de los que dependen y les cortan el acceso a las tierras que necesitan para sostener su forma de vida nómada. Además, los extranjeros pueden traer enfermedades contra las que las comunidades indígenas no tienen inmunidad, y su presencia puede perturbar la autonomía y cultura de estos pueblos, explicó a InSight Crime Teresa Mayo, de Survival International.
“Sus vidas están basadas en la relación con su territorio. Si pierden su acceso a su territorio o la calidad de su bosque porque está contaminado, entonces su supervivencia está en riesgo”, afirmó.
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