Necesitó tres cuartos el Madrid para descifrar la revolución francesa que le propuso el París , un juego atómico, tan agresivo y divertido que estuvo cerca de soterrar a los blancos. Fue entonces, en el último periodo, cuando emergió la energía de Garuba , la defensa de Tavares y, sobre todo, el instinto asesino de Maledon, máximo anotador del encuentro y que dio todo un recital con sus penetraciones hasta que los galos dijeron basta. Físicos y con confianza, los locales controlaban el ritmo gracias a la dirección de Campazzo , dulce su estado de forma en los últimos choques, empeñado el argentino en tapar las carencias de su equipo. Tavares, que solo había anotado una canasta ante el Olimpia… Ver Más