La grada pidió su cabeza y Joan García respondió actuando como «uno de los mejores porteros del mundo»

No hubo cabezas de cochinillo ni botellas de whisky —las redes cumplieron su función práctica y también disuasoria—, pero, aun sin todo ello, no debió de ser la noche más cómoda para Joan García . Pero para nada fue el vía crucis que se le auguraba. Con su fútbol y sus paradas no solo salvó a su equipo, sino que consiguió que se hablara de él por algo más que las evidentes externalidades que pretendían doblegarle. El clamor y los abrazos de la última vez que pisó el césped de Cornellà-El Prat, en la salvación ‘in extremis’ del equipo perico, fueron esta vez dolorosos pitos. Desde su salida al campo, un agudo sonido de revancha por tan desgarradora traición sonaba… Ver Más

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Author: Pablo Perez