Minuto 63 del Real Madrid-Rayo del pasado domingo. El Madrid tiene una falta a su favor que acaba en un mano a mano de Ratiu ante Courtois. Un mano a mano que nace del propio campo vallecano y al que tiene que acudir Gonzalo para intentar estorbar al rumano antes de que Thibaut haga su milagro de cada domingo. Un jugador del Rayo, en este caso el lateral derecho, solo en la zona previa al círculo central y el ‘9’ del Madrid como el futbolista más cercano. Un pandemónium que no era la primera vez que sucedía. En la primera mitad, en un saque de esquina a favor del equipo blanco, Valverde tuvo que pegarse una carrera de cuarenta metros para abortar otra contra del Rayo, de nuevo protagonizada por Ratiu, que había nacido en su propio campo con los diez jugadores del Madrid por delante del rumano. Un despelote táctico durante un partido que comenzó con la ubicación de Camavinga como lateral izquierdo y la suplencia de Carreras y Fran García, y terminó con tres mediocentros (el propio Eduardo, Tchouaméni y Valverde) como defensas, un solo mediocentro (Ceballos), dos extremos de interiores (Rodrygo y Brahim) y un delantero centro (Gonzalo) haciendo de extremo por banda derecha. El mapa de calor del canterano era elocuente, con una elevada presencia en la zona diestra de su equipo, y contradecía por completo lo que explicó Arbeloa tras la agónica victoria contra el Rayo: «Si pusimos a Gonzalo es para que pisase área, que ahí es más peligroso que fuera, y también para que Brahim, que tiene mucho uno para uno y es desequilibrante, pudiese estar más tiempo fuera, por banda». Ni una cosa ni la otra. Estos seis partidos de Arbeloa como entrenador del Madrid han servido para que un grupo importante de jugadores tenga ya dudas sobre la capacidad del salmantino para mejorar las prestaciones de Xabi. Su insistencia en colocar a Camavinga de ‘3’, algo que también tiene muy preocupado a la planta noble, en una plantilla en la que hay hasta tres laterales izquierdos, no termina de entenderse. Como tampoco las oportunidades a Cestero en Albacete y Lisboa, y los pocos minutos a Ceballos. La sorprendente y extraña situación de Carvajal también genera debate en la plantilla. Lleva un mes entrenando con el grupo, pero solo ha jugado 14 minutos en Copa contra el Albacete y 16 en Champions ante el Mónaco. Es verdad que viene de más de año y medio de una lesión grave de rodilla, otra muscular y un nuevo contratiempo en la rodilla, pero ni siquiera la baja de Trent y la necesidad de devolver a Valverde al debilitado centro del campo blanco han llevado a Arbeloa a darle minutos de peso al capitán, que además se está jugando su presencia en el Mundial y la renovación. Ambas cosas, a 5 de febrero, están en seria duda. La etiqueta de intocables de algunos jugadores es otra de las medidas de Álvaro que ponen en alerta a la plantilla. Con Arbeloa, los jugadores saben que Vinicius y Bellingham son intocables, salvo lesión, como es ahora el caso del inglés. No hay debate sobre el posible once, como sí sucedía con Alonso, lo que convierte sus alineaciones en bastante previsibles. Y, también, sus cambios. Ni el brasileño, ni Jude, ni por supuesto Mbappé, han sido cambiados por Arbeloa. Juegan todos los partidos y todos los minutos, lo hagan mejor o peor, incluso aunque el contexto del encuentro pida a gritos la entrada de atacantes. Si eso es así, se damnifica el centro del campo, pero no se toca a las estrellas. Arbeloa tiene claro que a él no le van a echar del banquillo del Madrid por los motivos por los que salió Alonso. Los cracks no se discuten y el día a día tiene que ser bajo una convivencia sin la tensión que había con Xabi, pero si este deseo del club que está llevando a cabo Arbeloa no se acompaña de fútbol y resultados, el cambio de entrenador de poco va a servir. De momento, el equipo ha recuperado tres puntos en Liga al Barça, pero ha sido eliminado de Copa por un equipo de Segunda que pelea por la permanencia y el peor Benfica de los últimos años le ha sacado del top-8 de Champions y le ha mandado a la repesca. Balance negativo al que sumar las malas sensaciones de juego y de confianza, situación que tampoco ha pasado desapercibida para una parte del Bernabéu que, ante el Rayo, en su día 20 como entrenador del Madrid, ya pitó a Arbeloa cuando su nombre sonó por megafonía. Insólito. El misterio que rodea al estatus contractual de Álvaro también es comentado en el vestuario. Nadie, ni entrenador ni club, ha desvelado cuánto tiempo estará Álvaro en el banquillo y si es verdad que ha firmado lo que queda de temporada y una más, como publicaron algunos medios. No hay confirmación oficial, ni tampoco desmentido, pero tanto secretismo se mira con recelo en una plantilla que prefiere un proyecto a medio y largo plazo que situaciones interinas. Otro asunto que ha sido muy comentado esta semana han sido los casi tres días de libranza. Desde las 16.00 del domingo, hora a la que terminó el partido ante el Rayo, hasta las 12.00 de ayer miércoles, los jugadores han tenido 68 horas de descanso. Una decisión tomada por el cuerpo técnico pensando en un pequeño ‘reset’ mental para coger impulso para lo que viene, pero que choca con la idea de darle un empuje físico y táctico al equipo, ahora que el Madrid tiene dos semanas limpias, con solo un par de partidos en 14 días: «Echo de menos entrenamientos para poder mejorar individual y colectivamente. Y hasta ahora hemos tenido más partidos que días de entrenamiento», se lamentaba Arbeloa el pasado domingo. No solo en el vestuario; en la planta noble también hay intensos debates sobre este primer mes de Álvaro en el banquillo. José Ángel y Florentino no tienen el mismo pensamiento sobre el salmantino. De hecho, el director general, como contó este periódico, pensaba que mantener a Xabi era la mejor decisión , pero no así el presidente, cuya paciencia se acabó por completo tras la «victoria moral» de la final de la Supercopa. Ahora, con Arbeloa, las dudas están en la cabeza de José Ángel y la convicción en la de Florentino. No hay un pensamiento común, como tampoco sucede en el vestuario. La capacidad de Arbeloa ya genera dudas.