Han hecho falta cuatro reuniones con los principales sindicatos del gremio ferroviario -Semaf, CC.OO. y UGT-, la última de ellas durante la mañana de este lunes, una vez empezada la huelga de tres días en el sector, pero finalmente el Ministerio de Transportes ha alcanzado un acuerdo con los representantes de los trabajadores para que estos desconvoquen los paros previstos para mañana martes y el miércoles. A falta de que las partes den a conocer los detalles del documento consensuado esta tarde -tras una reunión que ha durado horas-, lo que ya se sabe es que el departamento que dirige Óscar Puente ha satisfecho la demanda principal del sector, una mejora «estructural» -explican fuentes de Semaf- en las condiciones de seguridad que debía sustanciarse, principalmente, a través de un incremento del presupuesto para mantenimiento y contrataciones. Según detallan fuentes sindicales a ABC, el texto contiene una batería de compromisos, entre los que se incluyen promesas de aumentar los fondos destinados por Adif y Renfe a mantenimiento y seguridad, tanto materiales como humanos. También está en la lista, a su vez, la promesa por parte del ministerio que dirige Óscar Puente de garantizar una mayor coordinación entre Adif, los operadores -léase, Renfe, Iryo y Ouigo- y la Agencia estatal de Seguridad Ferroviaria, así como la «internalización» de los servicios, es decir, la recuperación por parte de las empresas públicas de tareas que habían externalizado. Con esto concluye una reunión que se ha alargado durante varias horas y que, como ya se ha avanzado, ha sido la continuación de otros tres encuentros la semana pasada que acabaron en un fiasco, sobre todo la cita del jueves, en la que -según fuentes sindicales- el ministro trató de enfocar la discusión hacia los temas laborales, cuando los maquinistas solo querían hablar de las condiciones de seguridad, que están en entredicho desde el fatal accidente acaecido el pasado 18 de enero en Adamuz (Córdoba). Para los profesionales del sector, que llevaban tiempo denunciando la «vibración» de los convoyes , aquella tragedia evidenció un problema de seguridad generalizado y que, en su opinión, el ministerio terminó por reconocer -siquiera tácitamente- en cuanto aceptó reducir la velocidad en varios puntos del trazado de alta velocidad, como pedían los trabajadores.