
Hay formas más rápidas de ir de Chicago a Los Ángeles, pero ninguna tiene el encanto o el prestigio cultural de la Ruta 66.
Por Clarín
Para John Steinbeck, era la Carretera Madre que llevó a agricultores pobres desde la desesperación de las praderas asoladas por sequías hasta la soleada California. Para los indígenas estadounidenses a lo largo de la ruta, fue un impulso económico que también dejó cicatrices. Para los viajeros negros, ofreció refugio durante la segregación. Y para los aficionados a la música, era el lugar plasmado en grandes clásicos.
La Ruta 66 celebra su centenario este año. Pese a haber perdido hace décadas su condición de una de las principales arterias del país, personas de todo el mundo siguen acudiendo a ella para hacer quizá el viaje por carretera más emblemático de Estados Unidos y empaparse de sus luces de neón, sus moteles y atracciones kitsch, y su oferta culinaria.
Cada pueblo tiene su propia historia y magia, comentó Sebastiaan de Boorder, un empresario neerlandés que, junto con su esposa, dio nueva vida al Aztec Motel en Seligman, Arizona.
“Es una parte esencial de la cultura y la historia estadounidenses. El aspecto histórico es una parte muy grande e importante de la cultura estadounidense, con su influencia y su carácter”, señaló sobre la carretera De Boorder.
El sueño La Ruta 66, que recorre aproximadamente 3.860 kilómetros desde Chicago a través de Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México y Arizona antes de terminar en Santa Mónica, California, se armó hace un siglo a partir de una colección de rutas comerciales de indígenas estadounidenses y viejos caminos de tierra con el objetivo de enlazar la región industrial en el centro norte de Estados Unidos con la costa del Pacífico.
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