Vingegaard no tiene rival y caza su cuarta etapa

El Giro, un icono de Italia donde el caos siempre se vuelve ternura y admiración, parece aburrido este año. Lo hace plomizo la ausencia de alicientes, sin enigma por la incertidumbre, tan superior Jonas Vingegaard a la competencia. El danés volvió a cumplimentar el formulario, cazó la cuarta victoria de etapa en la cima de Cari (Suiza) y descalzó cualquier ambición de sus enemigos, a los que solo les vale un accidente del líder. Vingegaard es el campeón gélido , la expresión mínima de las emociones, frío como su Dinamarca natal, pero certero y clínico en su desempeño. Un reloj siempre en la hora correcta al que a veces no parece entusiasmarle su profesión. Es más un trabajo con horario y fines de semana libres. En el día de descanso habló para los medios de comunicación, como es preceptivo. Y por ahí enseñó su alma serena y siempre templada. «Yo voy año tras año. Y si sigo disfrutando, seguiré corriendo», declaró. «Este es mi octavo año como profesional. Tampoco me veo compitiendo hasta los 35. Cumplo 30 en diciembre, así que todavía me faltan muchos años en el pelotón». Un campeón que se pone fecha de caducidad, tiene en mente la retirada en el culmen de su físico y encuentra a su manera el estímulo en el Giro de Italia. «Obviamente ganar el Giro es un gran objetivo para mí», dice sin mayor amplitud. El Giro penetró en territorio suizo y eso se notó en los planos de televisión más que en el desarrollo de la 16ª etapa. Imponentes casas en la montaña, mansiones de muchos metros cuadrados, pulcros terrenos perfectamente cuidados con poderosos todoterrenos a la puerta. Suiza es un gueto de millonarios. Hacia la estación de Cari se condujo un pelotón con pronóstico previsible. El Visma iba a cazar a Einer Rubio, Harper y Ciccone como manda la ley del ciclismo. Y Vingegaard iba a acelerar cuando perdiesen paso sus gregarios: primero Kuss y luego Piganzoli. Esto sucedió a 6,6 kilómetros de la cima y el danés salió disparado. Pero no hubo relato a su espalda. Aguantó unos segundos Felix Gall y se desvaneció en breve. Volvió a su estatus, con Egan Bernal, Arensman y Hindley. Como Piganzoli se cansó antes, Vingegaard tuvo que recorrer más kilómetros en solitario y así amplió su ventaja. Cuatro minutos al segundo, Gall. Le quedan al danés dos jornadas con final en montaña (Alleghe y Piancavallo) para igualar la marca de Pogacar en 2024, seis etapas. Pero ni eso parece un incentivo para la ‘maglia’ rosa. «Solo me concentro en mí mismo. Solo pienso en cómo superar este Giro».

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Author: Pablo Perez