El Mundial de fútbol es el torneo de los torneos en gran medida por reunir a las mayores estrellas del planeta en una sola competición durante varias semanas, pero también por propiciar enfrentamientos imprevisibles, improbables. Durante unos días, esos astros que parecen tan lejanos se miden a hombres de carne y hueso, esforzados y humildes jugadores que durante la mayoría de sus carreras viven en contextos deportivos muy diferentes a los de este campeonato que convierte a las cenicientas en princesas por una jornada. En esa habitual dinámica de David contra Goliat, la primera jornada depara un duelo de contrastes por excelencia. Qué decir de un enfrentamiento entre la gran Alemania, la segunda selección con más títulos y puntos en los Mundiales, solo por detrás de la pentacampeona Brasil, y la debutante Curazao. Todos los datos arrojan una comparativa difícilmente sostenible entre dos equipos que sin embargo, cuando salten al terreno de juego del NRG Stadium de Houston serán, más allá de las evidentes distancias, once hombres contra otros once y un balón de por medio. Entre ambos equipos media un abismo en forma de datos. Por un lado, un conjunto que presume de cuatro títulos mundiales, hasta ocho finales y 13 semifinales. Por otro, un combinado nacional que bajo su actual denominación, antes Antillas Neerlandesas, compite desde 2011 y evidentemente debuta en un torneo al que ha llegado en buena medida gracias a la presencia de tres anfitriones de la Concacaf, lo que ha contribuido a una sobrerrepresentación inaudita de selecciones de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe. La Mannschaft, que a lo largo de su imponente historia en los Mundiales suma 22 participaciones, 112 partidos, 68 victorias, 232 goles a favor y hasta cuatro estrellas sobre su escudo, registros que en el torneo de los torneos solo supera la laureada y brillante Brasil, se encuentra con un adversario que exhibe como gran hito alcanzar la ronda de cuartos de final en la Copa de Oro del año 2019. En aquel torneo logró su única victoria en una fase final, al derrotar por la mínima a la selección de Honduras para acceder a la ronda eliminatoria, donde cayó ante Estados Unidos tras plantar cara al combinado de las barras y las estrellas en un logro inédito. Llegar a la Copa del Mundo, dejando por el camino a Jamaica, Trinidad y Tobago y Bermudas sin derrota alguna, puede parecer poca cosa desde la óptica del fútbol de élite, pero adquiere tintes de hazaña cuando se tiene en cuenta el territorio al que representa este combinado, uno de los más exóticos en la historia de los Mundiales. Curazao arrebató a Cabo Verde, clasificado antes, el honor de ser el país más pequeño y menos habitado en la historia de los Mundiales. Esta antigua colonia neerlandesa cuenta con una extensión territorial de 444 kilómetros cuadrados y una población de 156.000 habitantes, similar a la de ciudades españolas como Logroño o Badajoz. Los números impresionan todavía más al tener en cuenta las dimensiones de Alemania, una potencia de 357.683 kilómetros cuadrados y que cuenta con 83,5 millones de ciudadanos. Así, el minúsculo Estado caribeño es 800 veces más pequeño que el gigante germano y está unas 500 veces menos poblado. Son los contrastes de los Mundiales, la magia de la competición más importante en un deporte global como ningún otro. No resulta extraño el ambiente festivo generalizado en el que la isla vive inmersa estos días. Banderas, camisetas y bufandas pueblan las calles para empujar desde la distancia a La Ola Azul (The Blue Wave en inglés, idioma oficial del país junto al neerlandés y el papiamento criollo), apelativo con el que se denomina a la selección de Curazao. Sus 26 internacionales son ya auténticos héroes en un país en el que solo uno de ellos nació. Y es que 25 de los convocados por esta selección debutante en el Mundial son oriundos de Países Bajos, la antigua potencia colonial entre la primera mitad del siglo XVII y el año 2010, cuando este particular país fue declarado autónomo tras un referéndum, provocando la disolución de las Antillas Neerlandesas. Incluso su entrenador, el veterano y experimentado mundialista Dick Advocaat, es neerlandés. Así, el delantero Tahith Chong, canterano del Manchester United y actual jugador del Sheffield United, equipo de la Championship, la segunda categoría del fútbol inglés, es el único jugador nacido en Curazao, aunque también emigró cuando apenas tenía diez años. Él es uno de los referentes de este equipo que ha revolucionado el pausado ritmo de esta isla paradisíaca ubicada frente a la costa norte de Venezuela, en pleno Caribe, donde el turismo, la pesca, la arena blanca y las aguas azul turquesa dejan paso al fútbol durante unas semanas para contar una de las historias más increíbles de los Mundiales.