Alemania, que no disputaba una eliminatoria mundialista desde la final que ganó en 2014 a Argentina en Maracaná, y Paraguay, cuyo último duelo a cara o cruz fue en Sudáfrica 2010, el día que casi apartó en cuartos a la futura campeona España, necesitaron los penaltis tras 120 minutos en los que el combinado sudamericano resistió las embestidas del tetracampeón europeo, que estuvo contra las cuerdas y se vio incluso por debajo del marcador. La primera prórroga del Mundial acabó con los primeros lanzamientos desde el punto fatídico… Y llegó el bombazo guaraní. Ahí Orlando Gill estiró sus 198 centímetros para dar la gran campanada del torneo. El de San Lorenzo de Almagro atajó los chuts de Havertz y Woltemade para servir en bandeja de plata la victoria a sus compañeros, que le pusieron picante porque hasta el tercer ‘match ball’, con Canale de verdugo, no sentenciaron a la Mannschaft, que vuelve a estrellarse por tercer Mundial consecutivo cuando todo el planeta se frotaba las manos con un duelo ante Francia en octavos. La Albirroja, con permiso de Suecia, espera a Les Bleus. Pese a que el ‘¡Uy!’ inicial de la grada se pronunció en castellano, con un remate en semifallo de Alonso, libre de marca en el segundo palo a la salida de un saque de esquina cuando el reloj marcaba sesenta segundos, Paraguay entregó el balón a Alemania y, bien ordenada, negó espacios y contuvo las embestidas de los de Nagelsmann, que hasta el tiempo de descuento de la primera mitad no acertaron a chutar entre los tres palos. Para entonces el combinado guaraní había desafiado a la lógica para hacer el primer gol del partido. Un rechace de un córner que amenazaba con un contraataque germano acabó con el capitán Gómez por los suelos para evitar que Havertz se llevara la pelota, que acabó en los pies del inspiradísimo Almirón. El mediapunta del Atlanta encontró de tacón a Galarza, que venía como un cohete por el carril derecho. Este envió un balón al corazón del área y por allí, libre de marca, en un desbarajuste similar a la ocasión del inicio, apareció Enciso para cabecear desde el punto de penalti, sin necesidad de saltar, picado lejos del alcance de Neuer. Ni cien pases (93) dio Paraguay antes del descanso frente a los 342 de Alemania, en su mayoría horizontales, de lado a lado, sin mordiente. No le funcionó a Nagelsmann la apuesta por Undav, que justificó su papel de revulsivo –tres goles y dos asistencias en noventa minutos en la fase de grupos, siempre desde el banquillo– mientras que Musiala, que después le sustituyó, se quedó en el banco. Más tuvo que agitar el árbol Gustavo Alfaro, que empleó una defensa cogida con alfileres por las molestias de Alderete. Tampoco jugó el centrocampista Diego Gómez, sancionado. Reaccionó la Mannschaft rápido tras el paso por vestuarios, con Goretzka en el lugar del señalado Nmecha. Conectaron las dos estrellas teutonas sobre el césped, Wirtz y Havertz. El del Liverpool sirvió un caramelo al área, con rosca endiablada, que el del Arsenal solo tuvo que acariciar con la cabeza de espaldas a portería para ponerla imposible para Gill. Comenzaba un partido de 35 minutos en el que con el paso de los minutos a Alemania le entrarían las prisas para evitar la prórroga, objetivo para una Paraguay que no cambió su plan, ni siquiera con la lesión de Enciso. Nagelsmann, al que le costará el puesto esta debacle, cambió su dibujo, tres centrales y Kimmich al medio, pero las posesiones seguían siendo estériles y el marcador no se movió. En el último ‘cuarto’ del partido la sociedad Wirtz-Havertz se quedó a muy poco, un paradón de Gill, de repetir la jugada del empate. Varios centros alemanes encontraron cabezas paraguayas… Y se llegó a la primera prórroga del Mundial. En el minuto 102, Tah se elevó por encima de todos para obrar una remontada que la tecnología impidió. Mejor dicho, lo evitó su compañero Anton, que hizo un bloqueo al portero de la Albirroja que ni su compatriota Wagner en los Magic. En el segundo cuarto de hora extra, Anton tuvo la más clara cuando el partido agonizaba. Remató solo en el área pequeña un córner, pero su envío salió manso a las manos de Gill, en su última intervención antes de convertirse en el héroe. Amiri estrelló después una falta en el lateral de la red. Nadie remedió el camino a los penaltis, que premiaron la fe de Paraguay frente a la inoperancia germana, también desde los once metros. A Woltemade se le hizo muy pequeña la portería y Tah quiso hacer un homenaje a los New England Patriots chutando a palos.