Corrección policial, por Domingo Alberto Rangel

Por lo general suelo comportarme como dicen que son los gatos: animales curiosos como ninguno.

Cuando veo algo que va a contrapelo de lo común si puedo freno la marcha para preguntar y así me sucedió la temprana tarde en el anochecer de este domingo… frente a la embajada de los Estados Unidos por donde paso cuando voy camino de la casa de mi hija.

De ida observé una fila de policías conteniendo un pequeño grupo de personas en una zona verde.

Esa gente llevaba velas encendidas lo cual no es común en un sitio apartado de las iglesias y donde el transporte público desaparece con el sol.

Mi hija insistió en que no me parara y le hice caso… en el viaje de ida.

Al regresar estaba la gente pero la barrera de policías se había pasado al otro lado de la vía… en la acera de la embajada… frene mi camioneta y le pregunte a una joven “por la protesta”… la noté asustada… hablando bajo y de medio lado la cara susurró “somos parientes de presos políticos”

Tuve tiempo de decirle que soy hijo de quien pasó los diez años del dictador Pérez Jiménez con mi padre entre escondido, preso o exiliado… y tres años en los gobiernos de Betancourt y Leoni –amigo de nuestra familia- en la misma situación porque la Constitución de 1961 permitía la pena del exilio.

En eso estaba cuando sentí pequeños golpecitos en la ventana del auto y al bajar la ventana vi un policía que con voz educada me dijo “usted no puede estar frente a la embajada de los Estados Unidos es territorio diplomático”.

Ahhh, sí… contesté

Y sin darle tiempo respondí: “el territorio diplomático es la embajada por dentro… no por fuera”.

El policía… de unos 40 años… titubeo a lo que viendo su identificación como “Policía Diplomática de la PNB”… y viendo que mi camioneta estaba parada sobre el rayado que llaman “Cebra”… aproveché… y le dije con el mismo tono que el uniformado usó para dirigirse a mi persona… “usted es venezolano… su deber es proteger la misión diplomática de los Estados Unidos… pero la ley me permite al igual que a estas personas que rezan con velas –los acompañaba un sacerdote católico- estar aquí… pero… me debería más bien amonestar por estar parado sobre este rayado”.

Terminé diciéndole que ya me iba pero que la sede que cuidaba era la del país que nos invadió y se llevó al Presidente y la Primera Dama.

Luego le di la mano y los otros policías sin haber escuchado aplaudieron… lo mismo que los parientes de preso políticos.

Fin de la pequeña historia pero hay aprendizaje: la Presidenta encargada ha hecho énfasis en que sus policías se comporten como los “bobbies” británicos… es decir correctamente y eso hizo aquel policía.

Otro: los parientes de presos estaban solos… me parecieron personas pobres por las ropas… no vi políticos acompañándolos.

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Author: Pablo Perez