De Bouaddi a Diomande, las irrupciones que más ilusionan en este Mundial

La historia de los Mundiales está llena de apariciones inesperadas, de jugadores poco conocidos para el público general que se hacen figuras en un par de semanas de verano. Ocurrió con Just Fontaine, el delantero francés que marcó 13 goles en seis partidos en Suecia ’58, un récord que ahora podrían amenazar tiburones del gol, como Lionel Messi, Kylian Mbappé, Erling Haaland o Harry Kane, todos desatados en los primeros compases de este Mundial. A veces los descubrimientos son de jugadores adolescentes, que se asoman por primera vez a los grandes escenarios, como el caso de Pelé en aquel mismo Mundial de Suecia. Otras, son irrupciones apabullantes de segundones, como el caso de ‘Totó’ Schillaci en Italia’90: de suplente en la Juve acabó como mejor jugador del torneo. O de jornaleros del fútbol desconocidos hasta que pudieron mostrar toda su clase al mundo, como Roger Milla en aquel mismo Mundial, en el que se hizo famoso con 38 años. Junto al inicio formidable de muchas de las estrellas consagradas en lo que va de Mundial, hay un puñado de apariciones de gran interés. Este joven centrocampista marroquí ya había asombrado por su precocidad cuando lideró a su club, el Lille francés, en una victoria contra el Real Madrid en Champions hace un par de años, el mismo día en el que cumplió 17 años. En su debut mundialista frente a Brasil, dio la razón a todos esos grandes clubes europeos que se lo disputan. Al ritmo del movimiento de su melena esponjosa, Bouaddi se comió al centro del campo ‘canarinho’, formado por huesos como Casemiro y Bruno Guimaraes. Con confianza y desparpajo, el chaval ocupó espacios, repartió juego, lanzó contras y rebañó balones sin descanso. A sus 18 años, le comparan con Sergio Busquets o Patrick Vieira. Otro jugador que ya venía con credenciales sólidas al Mundial, pese a su juventud. Con 19 años, el extremo del Leipzig mandó en el segundo tiempo en el primer partido de Costa de Marfil, contra Ecuador, en Filadelfia. Diomande es un regateador excelso, punzante, que se mostró como un dolor de muelas para la defensa ecuatoriana. Hace no tanto, era un jugador desconocido, formándose en academias del fútbol estadounidense. Nadie tuvo mejor ojo que el Leganés: lo cazó a finales de 2024 y solo lo pudo retener unos meses, hasta que lo fichó el Leipzig en el verano de 2025 pagando su cláusula, 20 millones de euros. En Alemania se ha salido este año y apunta a hacer lo mismo en el Mundial, donde ha emocionado también por el recuerdo a su hermana. El arranque ilusionante de EE.UU. en este Mundial, aquel 4-1 contra Paraguay, tuvo mucho que ver con el acierto de su delantero estrella, Folarin Balogun. Y que Balogun, de padres nigerianos residentes en Londres, juegue con EE.UU. se lo tienen que agradecer a una aerolínea. Su madre embarazada estaba de vacaciones en Nueva York y no le dejaron subirse al avión de vuelta por lo avanzado de su gestación: Balogun nació en Brooklyn. Después se hizo futbolista en Inglaterra, pero a la hora de elegir equipo, optó por las barras y las estrellas. Ha tenido una buena última temporada en el Mónaco, con 13 goles. Se ha hablado mucho de él por su decisión de no celebrar el primer gol que marcó con Suecia contra Túnez, el país de su padre. Pero Yasin Ayari, que juega en el Brighton, es a sus 22 años uno de las grandes promesas del fútbol europeo y lo demostró en su debut mundialista. Apenas habían pasado seis minutos del partido y recogió un rechace para lanzar el balón de media volea por toda la escuadra. El segundo gol, otro chutazo, sí lo celebró. Un doblete para que Suecia sueñe. Otro doblete, esta vez de alguien apenas conocido. El neozelandés Elijah Just fue la demostración que el Mundial está hecho para las sorpresas. Fue sorprendente lo interesante que fue el Nueva Zelanda-Irán, en Los Ángeles, y también el desempeño de Just, extremo del Motherwell, de la liga escocesa. A sus 20 años, Yirenkyi ya es héroe de Ghana. Su gol en el 95 frente a Panamá pone al equipo africano muy cerca de pasar a las series eliminatorias. Pero no fue solo el zarpazo del gol. Yirenkyi, un desconocido que juega en el Nordsjaelland de Dinamarca, fue el motor de Ghana desde el centro del campo y ya le comparan con Michael Essien. Algún ojeador hubiera preferido que Hwang In-beom, el surcoreano que protagonizó la victoria de su país frente a República Checa, fuera una joven promesa en lugar de un veterano de 29 años. Pero los Mundiales también sirven para esto, para poner el foco en jugadores de clase media que dan el salto. Hwang es un viajante del fútbol -Vancouver Whitecaps, Rubin Kazan, Olympiacos, Estrella Roja y su actual Feyenoord-, muy bien conocido en su país y que ahora ha sorprendido al Mundial protagonizando la remontada frente a los checos: marcó un gol con clase y entregó otro. El último joven en sumarse a un doblete ha sido Johan Manzambi, de Suiza. La diferencia es que lo hizo después de salir en el minuto 72 en el partido contra Bosnia Herzegovina, en un despliegue espectacular. A sus 20 años, el atacante del Freiburg ha crecido mucho en la última temporada, en la que fue nombrado mejor jugador joven de la Europa League. Los aficionados del Celta lo sufrieron y mucho. Manzambi es parte del talento joven helvético, con el que su entrenador, Murat Yakin, busca que el país llegue por primera vez a cuartos de final en un Mundial. No puede faltar en la lista el portero de Cabo Verde, al que ya le estarán preparando calles, plazas y estatuas en su país tras su actuación frente a una de las grandes favoritas, España. Todo estaba listo para que Vozinha -el mote de Josimar José Évora Dias- se llevara un carro de goles de Atlanta. Pero el portero se hizo héroe a sus 40 años, fue clave para lograr el empate y le nombraron jugador del partido. El caboverdiano, que se marchó entre lágrimas, es ya una de las grandes historias de este Mundial.

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Author: Pablo Perez