Ni siquiera la enésima exhibición de Leo Messi en los mundiales fue capaz de soterrar el gran sainete del verano. Julián Álvarez , tras meses de inciertos mensajes sobre su futuro en el Atlético de Madrid, habló claro desde Texas tras la victoria de Argentina contra Austria: pidió una «transferencia» , dijo que había hablado «con la gente del club» y abogó por cumplir su «sueño», que se supone que es el de vestir la camiseta del Barcelona, equipo que parece estar detrás de la estrategia mediática junto con el agente del jugador, el también argentino Fernando Hidalgo. Un órdago ampliamente celebrado en el Camp Nou, pues que el delantero ponga en evidencia su deseo de abandonar el Metropolitano acaba con toneladas de rumorología y, al menos sobre el papel, coloca al Atleti en una posición más vulnerable de cara a una negociación. Sin embargo, y siguiendo con su profundo berrinche desde que el pasado febrero comenzaran los contactos entre Álvarez y Barça, los dirigentes del equipo colchonero han digerido las palabras de su jugador como un ataque frontal de la junta dirigida por Laporta. Tanto que Apollo, Gil, Cerezo y compañía ya se han movilizado y amenazan con denunciar a los azulgranas ante la FIFA. Los directivos se agarran a una norma del máximo organismo del fútbol internacional en la que se asegura que si un equipo induce a un futbolista a romper su contrato «se impondrá al nuevo club la prohibición de inscribir nuevos jugadores, ya sea a nivel nacional o internacional, por dos periodos de inscripción completos y consecutivos». Una estrategia similar a la que utilizó el Atlético cuando el Barcelona fichó a Griezmann en 2019. El 12 de julio de ese mismo año, los catalanes abonaron la cláusula de 120 millones en las oficinas de LaLiga, pero desde Madrid contratacaron con un duro comunicado en el que llegaron a asegurar que el acuerdo con el francés se había cerrado entre febrero y marzo, mientras los rojiblancos disputaban los octavos de final de la Champions contra la Juventus de Cristiano . «El Barcelona y Griezmann han faltado al respeto al Atlético», se leía en el documento, antesala de una denuncia ante la Federación Española y la FIFA que supuso una multa de 300 euros para los compradores, que además pagaron 15 millones al bando vendedor para sellar la paz. Siete años después, el Atlético vuelve a abrigarse con leyes para contratacar ante una situación que parece habérsele descontrolado. Porque cabe recordar que los colchoneros, a finales del pasado mayo, cargaron con dureza después de que la prensa catalana asegurara que el Barça había enviado una oferta de 100 millones por Álvarez. «No creas todo lo que ves, sobre todo si está relacionado con el Barça», llegó a decir durante su esperpéntica retahíla de mensajes en las redes sociales. Acusaban al Barça de mentiroso, de manipular, de moverse en las sombras y utilizar medios afines para tantear la situación. Pero las palabras del argentino del pasado lunes denotan que los rumores no eran infundados, y que los azulgranas empujan para hacerse con sus servicios. Pese a todo, da la sensación que el Atlético preferiría tirar a Álvarez desde un puente que entregárselo al Barça . Sienten hartazgo por la estrategia de sus rivales, o al menos eso intentan transmitir con sus movimientos, pues es más fácil culpar a un tercero que reconocer un error propio. Que Julián, un jugador que llegó hace dos años a cambio de 75 millones y con el rol de estrella, pida públicamente irse, también habla de la irregular gestión que se ha hecho sobre su figura, pese a que el propio jugador tampoco ha estado a la altura de las circunstancias, sobre todo durante la última campaña, donde solo anotó 20 goles, ocho de ellos en Liga. En cualquier caso, y ya asumido que el argentino no volverá al Metropolitano como local, los dirigentes rojiblancos se remitirán a su clausula de 500 millones y su contrato hasta 2030 cuando los barceloneses llamen a su puerta. No será así si otros clubes vienen a por él, como el Arsenal o el PSG , escudos que parecen haber mostrado interés en el atacante y cuyas ofertas sí serían analizadas. Ahora, y tras la exposición pública de Álvarez, le toca al Barça mover ficha, juntar una cantidad que pueda abrir brecha en las fuertes defensas del Atlético e intentar cerrar el fichaje por el que tanto tiempo llevan suspirando.