Ronald Koeman tuvo que explicar a Rubén Cañizares que el fútbol es negocio y que está acostumbrado desde 1994 a tener que jugar con calor o a recorrer largas distancias entre partidos -con husos horarios distintos- por motivos comerciales. El debate no es entre fútbol o negocio, sino sobre quién hace el negocio. Si dejamos que UEFA y FIFA y las federaciones nacionales lo hagan, éste es el espectáculo que tendremos: la Champions y los Mundiales tal como hoy son, y el dinero repartido con opacidad y no siempre puesto al servicio del fútbol. La Superliga fue una alternativa a la Champions y de haber funcionado habría podido surgir una alternativa a la tiranía de la FIFA. El objetivo era claro: jugar menos partidos, que todos sean trascendentes y entre equipos de nivel que generen interés y audiencia, y negociar mejores contratos televisivos para ingresar más con menos, pero de mayor calidad. Estos días de partidos que a nadie importan, que nadie mira, por los que pocos pagan y en los que además los buenos jugadores se ponen en innecesario riesgo de lesión son una burla al fútbol propiciada por unos dirigentes que necesitan el voto de los países pobres (pobres en fútbol) para continuar en sus cargos y por eso les dan éste absurdo protagonismo. Ésta es la clase de negocio que te machaca cuando dejas que el negocio lo hagan otros por ti. Es tonto pensar que el fútbol no es negocio, o que podría no serlo, pero es súper estúpido no hacer tu propio negocio cuando el talento es tuyo. Es mediocre y temerario dejar algo tan importante en manos de las federaciones nacionales e internacionales, con su historial de corrupción y tantas otras malas prácticas, y de unos dirigentes que no sólo no han acreditado ninguna habilidad empresarial o financiera sino todo lo contrario. El negocio del fútbol no genera lo que podría generar, el espectador es tomado como rehén para que los dirigentes puedan asegurarse su permanencia en los cargos y los futbolistas son explotados como si de ganado se tratara, sin ninguna consideración por su salud ni por la deseada longevidad de sus carreras.