El gran reto del combinado de las barras y estrellas

Jugar como anfitrión tiene sus ventajas e inconvenientes. Estados Unidos volverá a tener las gradas a su favor dos décadas después, pero en una situación bastante diferente a aquel Mundial de 1994 en el que llegaron a octavos y cayeron contra Brasil. El fútbol se ha convertido en el tercer deporte más popular en el país de las barras y estrellas tras superar al béisbol por el crecimiento experimentado por la MSL, su competición doméstica. Aunque todavía se sitúa a una distancia considerable de la NBA –10% con respecto al 17% del baloncesto– y el fútbol americano queda lejos –37%–, la llegada de estrellas internacionales y el incremento de la inversión en infraestructuras y para el desarrollo de las categorías inferiores han permitido que cada vez más aficionados se enganchen y comiencen a tener un criterio sobre este deporte. Y todo eso revierte en el combinado que desde hace un par de años dirige Mauricio Pochetino. La exigencia aumentará para los norteamericanos y ya se habla que cualquier resultado por debajo de cuartos puede ser un fracaso. Las expectativas son muy altas. El argentino es uno de los técnicos mejor pagados del Mundial y finaliza contrato este verano y, aunque se llegó a hablar de que podía volver a Europa, un buen papel en casa le refrendaría en el cargo. Superar la fase de grupos en lo mínimo que se le exige al exentrenador del Chelsea, PSG, Tottenham, Southampton y Espanyol, que actúa por primera vez como seleccionador después de que el segundo ciclo de Gregg Berhalter llegara a su fin. Pero el verdadero desafío está en demostrar que ha dejado de ser un combinado de perfil bajo y que puede competir contra los grandes después de incrementar notablemente su nivel competitivo durante las últimas temporadas. El de Santa Fe se ha decantado para esta ocasión por mantener una base de jugadores que ya disputó el Mundial de Catar y ha incorporado savia nueva en una mezcla de promesas y figuras contrastadas. 18 de los 26 jugadores que conforman la convocatoria juegan en Europa. Siete de ellos son defensas, entre los que se encuentra Freeman del Villarreal. Cinco centrocampistas y seis delanteros también forman parte de equipos del Viejo Continente. Se espera que jugadores como Mckennic, Adams o Reyna, que juegan su segundo Mundial, den un paso al frente para liderar al equipo. Son el motor. Una combinación de físico y creatividad. Dos laterales profundos como Robinson y Dest tendrán su peso en un once para el que Pochetino ha decidido que el veterano Tim Ream sea el capitán por ser un «líder positivo». El argentino ha tomado esta decisión en detrimento de Pulisic, referente ofensivo de una generación joven pero consolidada junto a Balogun, y uno de los jugadores más determinantes del equipo que no pasa por su mejor momento. Apodado ‘Capitán América’, no atraviesa su mejor momento. El rossonero, que levantó una Champions en su etapa anterior en el Chelsea, es eléctrico y destaca por su desequilibrio, pero finalizó la temporada con una racha de seis meses sin marcar. 21 partidos en el dique seco. La rompió en el amistoso contra Senegal disputado hace un par de semanas que ayudó a despejar fantasmas porque las derrotas contra Bélgica y Portugal habían encendido las alarmas respecto al rendimiento colectivo. El sábado contra Alemania, en su último partido de preparación en el que el entrenador argentino puso toda la carne en el asador y se dejó de probaturas, las sensaciones que ofrecieron tampoco fueron malas a pesar de caer 1-2 en el Soldier Field de Chicago frente a 63.636 aficionados. Entre los asistentes estuvieron quince integrantes de la selección estadounidense que disputó la Copa del Mundo de 1994. Exjugadores como John Harkes, Cobi Jones, Frank Klopas, Earnie Stewart y Eric Wynalda participaron en una ceremonia en la que de forma simbólica entregaron el testigo a la nueva generación. En los dos años que lleva en el cargo, Pochetino ha cambiado el sistema de juego del equipo y apuesta por un estilo con presión alta y transiciones rápidas con un 3-4-2-1, en las que quiere aprovechar la velocidad e intensidad física de sus jugadores. Pero su planteamiento genera serias dudas defensivas. De hecho, ha recibido once goles en sus últimos cuatro partidos disputados, algo deberá corregir el coanfitrión si quiere avanzar como se espera en un grupo en el que no debería tener muchos problemas. La Turquía de Arda Guler se presenta como el rival más complicado, Australia será la cenicienta y Paraguay, contra quien abre su participación el sábado, puede ser una buena piedra de toque para calibrar sus opciones.

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Author: Pablo Perez