«Es imposible encontrarlas»: el furor por EE.UU. agota sus camisetas

«No he tenido suerte, por desgracia». Isaac, un joven neoyorquino, sonríe con resignación. Tiene algo en sus manos que se parece al objeto más deseado en estos momentos en EE.UU.: la camiseta de la selección nacional de fútbol. «Esta es la versión ‘stadium’, que no es la oficial», dice sobre una zamarra con una calidad diferente a la que usan los futbolistas. Él ha arrancado del perchero la última que había de ese tipo, pero tampoco está seguro de quedársela. Solo queda en talla S o en tallas infantiles. Y nada de la fetén, de la oficial. Estamos en Pelé Soccer, en medio del barullo de Times Square, que se califica a sí misma como «la mejor tienda de fútbol del mundo». Cierto que hay elásticas de todos los equipos, países y épocas. Pero falta la de aquí, la de EE.UU. No es algo que afecte solo a este establecimiento. Acabamos de pasar por otra tienda de fútbol en otro punto neurálgico de la ciudad y la misma historia. Solo se puede encontrar la segunda equipación, la de visitante, en tonos oscuros. Nada de las barras rojas y blancas que todo el mundo desea. «Es imposible encontrarla ahora mismo», dice una dependienta, que tampoco sabe cuándo llegarán nuevas remesas. «He estado en otra tienda física, he mirado en Internet, he ido a la tienda US Soccer (la federación estadounidense)… y nada», añade Isaac. El agotamiento de las existencias ocurre en el peor momento posible: cuando EE.UU. inicia su andadura en las eliminatorias, después de una fase de grupos ilusionante, pese a la derrota en el último minuto frente a Turquía, cuando los estadounidenses ya tenían la primera plaza asegurada. El equipo de Mauricio Pochettino juega este miércoles en San Francisco contra un rival, en teoría, asequible: Bosnia Herzegovina. Los hinchas estadounidenses ya se ven en octavos, donde se podrían enfrentar a otra selección a la que también podrían imponerse, el ganador del Bélgica-Senegal. En el horizonte más lejano, hacer historia y llegar por primera vez a semifinales, si se imponen a la potencia que llegue a ese partido. Podría ser España o Portugal, si no hay grandes sorpresas. En la concentración de EE.UU., lo último que buscan es enredarse en el cuento de la lechera. «No han llegado aquí por casualidad», dijo en la previa el central y capitán yanqui, Tim Ream , sobre los bosnios. «Sabemos que son un equipo fuerte, físico. Sin duda se han clasificado y han pasado la fase de grupos por una razón», añadió. «Tenemos que estar muy atentos en todas las fases y todos los aspectos del juego». Las casas de apuestas y las plataformas de predicciones dan como gran favorita a EE.UU. Pero eso puede ser un problema: la gran especialidad de Bosnia Herzegovina está siendo dar la sorpresa. Su selección deambulaba en la intranscendencia del fútbol europeo cuando Sergej Barbarez, aquel buen goleador del Borussia Dortmund y el Hamburgo, tomó las riendas del equipo en 2024. Barbarez, dedicado al póker y a vivir la vida desde que colgó las botas, metió a Bosnia Herzegovina en una montaña rusa emocional con la que ha logrado proezas formidables. Primero tumbar a Gales en la repesca. Después, prolongar la depresión futbolística de Italia en una tanda de penaltis que dejó a los ‘azzurri’ fuera de otro mundial. Y, en este Mundial, contra pronóstico, conseguir alcanzar las eliminatorias. La expectativa es que Bosnia Herzegovina plantee un partido defensivo, mordiendo en todas las líneas y buscando la sorpresa al contraataque. EE.UU. tiene más argumentos y podría contar con una contribución mayor de su gran estrella, Christian Pulisic. El extremo del AC Milan no ha jugado un partido completo ni con su club ni con la selección desde mediados de marzo. Jugó media parte en el debut de EE.UU. frente a Paraguay y sufrió problemas en un gemelo, lo que le impidió comparecer frente a Australia. Reapareció después media hora contra Turquía. «Me sentí muy bien contra Turquía», aseguró Pulisic en la previa. «He estado bien toda la semana y sin duda estoy listo para jugar mañana», agregó y detalló que se ve para jugar todo el partido. EE.UU. llega con Pulisic recuperado y en medio del furor por la Selección, cuyo símbolo es el agotamiento de las elásticas. Quizá Nike, la marca que viste a la selección, subestimó el interés que iba a provocar el Mundial, el ‘soccer’ y su equipo en esta ocasión. Pero la tienda de la federación ha vendido ya el doble de camisetas que a las mismas alturas del Mundial de Qatar de 2022, donde EE.UU. cayó en octavos frente a Holanda. Es un problema que ya ocurrió este año durante los Juegos Olímpicos de invierno, cuando se agotaron las elásticas del equipo de hockey, que logró el oro en una final inolvidable frente a Canadá , el gran rival en esta disciplina. La diferencia aquí es que el Mundial se juega en EE.UU. y todo el mundo quiere ponerse la camiseta del equipo durante el partido. En especial aquellos como Isaac, el cliente que no encontraba la suya, que tienen entradas para el partido. Él verá a EE.UU. contra Bosnia Herzegovina y sueña con un enfrentamiento en octavos frente a España. «Puede pasar cualquier cosa, pero EE.UU. tiene buena pinta».

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Author: Pablo Perez