
Edificios agrietados, con pedazos caídos que se ven a simple a vista, es el escenario de las comunidades turísticas de Tucacas, municipio Silva, estado Falcón. Esto representa un peligro para los vecinos de los alrededores que temen que las edificaciones terminen de colapsar y afecten las casas contiguas.
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Muchos edificios están en muy mal estado tras los dos terremotos que azotaron el país. Algunos han sido abandonados por los habitantes y otros tienen algunas personas cerca que no saben a dónde ir, porque quedaron desempleados y con los edificios destruidos.
Uno de los casos es el edificio Puerto Varadero, que en un vídeo grabado por los habitantes, muestra el grave deterioro que tuvo con el doble sismo y las réplicas que se han repetido en los últimos días.
La abogada Cruz Elena Maduro de la fundación “Manos Amigas”, la cual opera en el municipio Silva, se ha desplegado para la atención de los habitantes. Dijo que están levantando un censo para conocer las necesidades de todos los habitantes, aunque asegura que se avecina una etapa dura, porque el municipio vivía principalmente del turismo.

Desde el primer momento se dieron cuenta de los daños estructurales de los edificios que se encuentran en la vía principal de Tucacas. “Cuando supimos del colapso del edificio La Mar Suites, nos movimos con palas, martillos, tobos y todo lo que hemos podido para empezar a sacar la gente, pero eso fue insuficiente, porque los organismos de seguridad no tienen la capacidad ni el entrenamiento para atender esto”.
Explicó que es importante verificar cómo han quedado las comunidades, porque no es solo lo que se ve a simple vista, sino que muchas casas tienen años sin mantenimiento y estos terremotos empeoraron la situación, dejando a familias enteras damnificadas, personas con heridas de gravedad y sin servicios públicos.

La gente espera que el Gobierno haga un estudio profundo de los edificios, porque el miedo es que se caigan y afecten a las comunidades vecinas. Además, que les busquen un espacio para los que están en sus viviendas en mal estado y que se atiendan a los pueblos que quedaron bastante golpeados.
“Tengo miedo de la hambruna porque la gente vive del día a día, trabajan en el turismo y compran al final del día con lo que hacen diariamente. No hay turismo, no hay fuente de ingreso y con ello vienen las necesidades de alimentos y productos de primera necesidad”, dijo la presidenta de la fundación.