Instalados en el fracaso

España había ganado la Eurocopa de 1964 y el Real Madrid acababa de proclamarse campeón de la Copa de Europa de clubes tras derrotar al Partizan. La selección roja llegó a Inglaterra no como favorita pero sí con posibilidades de hacer un papel más que digno. Había un notable plantel de jugadores y un seleccionador respetado para sacarse la espina de la gran decepción de Chile, cuatro años antes. Por primera vez en la historia de la competición, los partidos fueron televisados en directo en España. Inglaterra , que había obtenido resultados muy pobres en las anteriores citas, preparó minuciosamente el torneo. Era la época de los Beatles, de la minifalda, de Carnaby Street y de series televisivas como ‘Los vengadores’ y ‘El Santo’, que transmitían el ‘glamour’ de un Londres que irradiaba la cultura británica al mundo. En la fase previa, la clasificación llegó en un tercer partido de desempate frente a Irlanda en París. José Villalonga convocó a Iribar y Reina en la portería, a Sanchís, Rivilla, Zoco, Gallego y Eladio en la defensa, a Pirri, Suárez, Adelardo y Fusté en el centro y a Amancio, Peiró, Marcelino, Gento y Lapetra en la delantera. El Real Madrid aportó seis jugadores, el Atlético de Madrid, cuatro y el Barcelona, otros cuatro. Villalonga concentró a los jugadores cuatro semanas antes del comienzo del torneo en un hotel de Santiago de Compostela. El técnico eligió Galicia por su similitud con el clima inglés. La selección disputó un partido amistoso en Riazor contra Uruguay, que terminó en 1-1. Los seleccionados volaron a Londres a primeros de julio de 1962 para prepararse para el primer partido, que se disputó en el Villa Park de Birmingham. El rival era Argentina, un potente equipo que contaba con grandes futbolistas como Perfumo, Rattin, Artime, Onega y el joven Oscar Más, que ficharía años más tarde por el Real Madrid. La selección albiceleste fue superior al conjunto de Villalonga, que perdió 2-1. El gol español lo marcó Pirri. La Roja dio una sensación inquietante de debilidad, especialmente con un centro del campo que perdió la batalla contra los agresivos argentinos, superiores físicamente. Con el ánimo decaído, España derrotó a Suiza por 2-1 en Sheffield. Los helvéticos se adelantaron en el primer tiempo, pero la selección tiró de coraje para dar la vuelta al resultado con goles de Amancio y Sanchís. Fue un partido malo, sin claridad de ideas y con falta de recursos para abrir huecos en la defensa suiza. En el tercer encuentro, España necesitaba derrotar a Alemania para clasificarse para octavos. Nuevamente en Birmingham, España salió al ataque, sorprendiendo a un equipo alemán en el que jugaban Beckenbauer, Schnellinger, Haller, Uwe Seeler, Overath y Emmerich. Fusté marcó en el primer tiempo, pero Emmerich empató en el minuto 38 en un centro tiro en el que falló Iribar, valorado como el mejor jugador español en el torneo. Cuando faltaban seis minutos, Uwe Seeler anotó el segundo. España volvió a casa, esta vez sin excusas, porque los aficionados fueron testigos en directo de la mala actuación. Villalonga dimitió, dos años después de la consecución de la Eurocopa en el Bernabéu. Luis Suárez, estrella del Inter y Balón de Oro en 1960 con la camiseta blaugrana, que ya tenía 31 años, fue uno de los más criticados. El portugués Eusebio fue el máximo goleador del torneo con nueve goles. Brasil hizo un papel penoso, perdiendo frente a Hungría y Portugal. Corea del Norte fue la gran revelación. La final del campeonato la disputaron Inglaterra y Alemania. Los locales se impusieron por 4-2 tras la disputa de una prórroga y gracias a un gol fantasma que todavía se discute. España tardaría 12 años en volver a estar presente en un Mundial. Y peor todavía, la Roja encadenó una serie de resultados adversos en la década de los 70 que sembraron el fatalismo entre los aficionados.

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Author: Pablo Perez