El golf español estaba preparado para vivir otro día glorioso en Valderrama, ese enclave mágico que tantos éxitos ha protagonizado para el golf nacional. El reto era difícil, pues el dúo de estrellas hispanas, Sergio García y Jon Rahm , aspirantes al LIV Andalucía, se enfrentaba a un hueso duro de roer: Tyrrell Hatton. El inglés partía con cuatro golpes de ventaja sobre el castellonense y cinco sobre el vizcaíno, por lo que la jornada se preveía dura si se quería vivir el milagro. Entre medias, figuraba el belga Thomas Detry, pero pocos pensaban que pudiera aguantar la presión de una última ronda al máximo nivel, como así sucedió. En la práctica, fueron los tres héroes de la Ryder quienes llevaron el peso de la acción en distintos momentos del juego. El vasco, por ejemplo, tuvo un inicio arrollador que metió el miedo en el cuerpo a sus rivales, pues en seis hoyos ya se había colocado a un golpe de la cabeza. Hatton no terminaba de arrancar y veía cómo su capitán de equipo en la Legión XIII le apretaba las tuercas sin compasión. Sergio García tomó el relevo en la presión al británico cuando, haciendo gala de su inmenso conocimiento del terreno, le empató en el liderato con -8 en el hoyo 12. Y fue en ese momento cuando «el gruñón» volvió a ser el que era, dejando de lado el «buenismo» que había mostrado en los días anteriores, donde todo eran sonrisas y amabilidad; sacó el talante agresivo y malencarado que le ha llevado a colocarse en los puestos más altos del golf mundial. Decidió ir a por todas y, con un final de recorrido apabullante, no dio opciones a los demás. Con tres ‘birdies’ en los siguientes cinco hoyos dejó el torneo visto para sentencia, a pesar de que Rahm estuvo a punto de hacer un hoyo en uno en el 15 que hubiera podido cambiar las tornas. El ‘sprint’ final del vasco no fue todo lo mágico que necesitaba, cuando vio desaparecer sus escasas opciones en el 16, al ir al centro de la calle y su posterior tiro de aproximación botó a la altura de la bandera, pero el retroceso hizo que la bola se saliera del ‘green’. En el 17 volvió a romper la calle, pero luego se quedó corto y no logró el ‘eagle’ necesario. Aunque firmó un ‘birdie’, una salida defectuosa en el último agujero le hizo acabar entre los árboles y ahí concluyeron también sus ilusiones. Terminó en loor de multitud, con un meritorio par, pero ya con el título descartado. Lo mismo que Sergio García , a quien un doble ‘bogey’ en el 16 alejó por completo de su sueño de lograr un quinto entorchado sanrroqueño. Así las cosas, Tyrrell tiró de veteranía para llevarse el título con dos golpes de ventaja sobre Rahm, tres sobre el brillante mexicano, Abraham Ancer, y cuatro sobre el de Borriol. El resumen, del que puede ser el último torneo del proyecto LIV en España, se salda con una gran batalla deportiva, un campeón de alto nivel como Hatton, la constatación de que Sergio juega en Valderrama como en ningún otro sitio y la confirmación de que Rahm ya le tiene tomada la medida a este campo. En los dos últimos años ha terminado segundo, con dos vueltas impresionantes para tratarse de rondas dominicales: 65 y 67 de hoy, en ambos casos las mejores tarjetas del plantel. Lejos del cálido ambiente andaluz, Eugenio Chacarra (-11, a un golpe del finlandés Oliver Lindell) consiguió su segunda victoria en el Circuito Europeo en el Abierto de Holanda. El madrileño salió como líder y aguantó perfectamente la dureza del campo de Ámsterdam, que se vio azotado por fuertes vientos y lluvia, algo que no le arredró en absoluto. El de La Moraleja, que tuvo su primer contacto como profesional en el LIV Golf directamente desde la universidad, había conocido ya la victoria en ese circuito (Tailandia), en el Asiático (Saint Andrews) y en el Europeo (India), pero el triunfo de hoy tiene aún más valor por significar un punto y aparte a los problemas que tuvo a principio de temporada y que le obligaron a tomarse un descanso para cuidar su salud mental. Por lo visto en las últimas semanas, en las que ha estado arriba tanto en Nueva Delhi (2º) como en Barcelona (10º), Eugenio está a su máximo nivel y solo necesita que le cuadre su extraordinaria pegada con su juego en los ‘greens’. Explosivo como pocos, su mentalidad agresiva le impide ser regular en todos los torneos, pero las dos o tres veces al año que se siente a tope, siempre aspira a lo más alto. Su objetivo, después de pasar por todos los tours a su alcance, es jugar el PGA el año que viene.