La arquitectura del engaño: Comienza el intento del régimen de borrar la épica voluntarista por David Morán Bohórquez

 

A pocas horas de cumplirse el cuarto día tras el terremoto del pasado 24 de junio, Venezuela atraviesa una frontera invisible pero determinante. Superada la ventana crítica de las 72 horas para el rescate y con la llegada de la ayuda internacional, la tragedia entra en una fase distinta: la lucha por la narrativa. Mientras los escombros aún conservan el calor de los primeros esfuerzos, el poder político ha activado su maquinaria para reemplazar la realidad vivida por una realidad construida a su conveniencia

El voluntarismo como amenaza al poder

Durante los tres días iniciales, la respuesta oficial fue, en el mejor de los casos, residual; en el peor, inexistente. En ese vacío, la sociedad civil venezolana —vecinos, voluntarios, ONGs y jóvenes— tomó el control. Sin recursos estatales ni logística centralizada, esta «red de la urgencia» demostró que el país es capaz de organizarse de forma horizontal. Quizás de manera desorganizada, obvio, pero sin duda oportuna, pertinente y sobre todo légítima

Este voluntarismo es, para el régimen, un fenómeno subversivo. No por su intención política, sino por su existencia misma: demuestra que el ciudadano puede sobrevivir y ayudarse a sí mismo sin la tutela del Estado. Es el temor a un ciudadano digno, es decir independendiente. Esa autonomía es la antítesis del control social que busca imponer el poder socialista

La censura: El apagón de la realidad

Mientras la solidaridad intentaba coordinarse a través de la red, la respuesta oficial fue el mantener el bloqueo informativo masivo. Cientos de portales informativos nacionales se mantienen hoy bajo el bloqueo de Conatel. Esta censura es una táctica deliberada para impedir la fiscalización independiente. Al cortar el flujo de información, el Estado busca que la tragedia ocurra en un vacío informativo donde solo su narrativa de «eficiencia» tenga validez, impidiendo que el mundo vea el verdadero rostro del abandono.

Los escombros que acusan: La corrupción como causa

El barrido de escombros que ya ha comenzado no es solo una medida de limpieza. Es una operación de encubrimiento. Entre las ruinas yacen los restos de edificaciones construidas bajo el sello del oficialismo, estructuras levantadas con materiales de baja calidad, normas técnicas ignoradas y sobreprecios que hoy se traducen en escombros letales.

El régimen necesita retirar esos restos cuanto antes porque cada viga doblada, cada bloque desmoronado por la precariedad y cada falla estructural es una prueba física de una década de corrupción. Los escombros de las edificaciones de la Misión Vivienda en Vargas son testigos que deben desaparecer antes que hablen ante un ingeniero forense.

El secuestro de la ayuda

Ahora que la ayuda internacional comienza a fluir, el régimen ha iniciado el proceso de «institucionalización» del desastre. El objetivo es simple: transformar la tragedia en una oportunidad de reafirmación de lealtades. Al filtrar la asistencia a través de estructuras partidistas o instancias centralizadas, el régimen intenta que el auxilio no se perciba como un derecho humanitario universal, sino como una concesión graciosa del poder.

La narrativa oficial ha pasado de la «sorpresa» a la «gestión». Veremos cómo las cámaras comienzan a enfocarse en los funcionarios entregando kits de ayuda, intentando borrar, mediante la propaganda, el recuerdo de las manos vacías que sostuvieron a los afectados durante las horas de mayor desamparo.

El cerco sanitario y la censura

Bajo la excusa del riesgo sanitario, la prevención de enfermedades y el «orden público», el Estado está comenzando a restringir el acceso a las zonas devastadas. Si bien estas medidas son necesarias en cualquier catástrofe, aquí tienen un fin instrumental: el aislamiento.

Al desplazar a los voluntarios independientes y a los medios de comunicación no oficiales, el régimen busca sellar la zona de desastre para que la única versión de los hechos sea la emitida por sus canales. Se trata de una operación de «limpieza narrativa» destinada a que el país olvide quién llegó primero, quién rescató a quién y qué servicios fallaron desde el primer minuto.

La construcción de la ficción

En los próximos días, el discurso oficial se inundará de términos como «normalidad», «atención integral» y «respuesta inmediata». Buscarán reemplazar el trauma colectivo con la imagen de un Estado todopoderoso que lo tiene todo bajo control.

Sin embargo, el relato que realmente importa no es el que escribirá la propaganda, sino el que ya se ha escrito en la memoria de cada venezolano que sobrevivió a los primeros tres días sin ayuda oficial. La gran disputa de esta tragedia no es solo por la reconstrucción de las casas, sino por la preservación de la verdad. Esa, que precisamente, nos hará libres.

Mientras el régimen intenta levantar muros de propaganda sobre los escombros, el mayor acto de resistencia es no olvidar quién fue el que, realmente, estuvo ahí cuando la tierra tembló.

La historia, que se construye ahora mismo en los testimonios que sobreviven al bloqueo, será el tribunal que los escombros borrados no podrán evitar.

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Author: Pablo Perez