Por un instante creí ver a un Enrique Riquelme adolescente en uno de esos vídeos que circulan por YouTube con todas las estrellas invitadas (‘Guest star’) que aparecieron en ‘Vacaciones en el mar’ (‘The love boat’), aquella serie de televisión de los años 80: Joan Collins, Leslie Nielsen, Telly Savalas, Michael J.Fox, Linda Evans, Tom Hanks, Jamie Lee Curtis… Hasta los Village People tomaron el sol con el capitán Stubing en la cubierta del barco del amor: ‘¡Go west!’. Pero no, debió tratarse de una ilusión porque el opositor a Florentino tenía un añito cuando se emitió el último episodio. Mi espejismo tiene una explicación, creo yo, y es que veo, oigo y leo a Riquelme en todos sitios: Cope y Ser, tierra, Marca, El País y Expansión, mar, RAC 1 y El Hormiguero, aire, también Mundo Deportivo… Y podcasts: Látigo Serrano, Jordi Wild, Rubén Martín… Y aquí, en ABC . Como dice mi buen amigo Sergio Fernández, no existen en el mundo ascensores sociales más veloces que la presidencia de los Estados Unidos de América y del Real Madrid. Es un ‘win win’ de manual. No descarto que el presidente de Cox se asome un rato este sábado por el concierto del Metropolitano y aparezca en la casita rosa al lado de Bad Bunny. Nunca hemos hablado tanto como ahora del agua sin ser conscientes de ello. No lo critico, ¿eh?, sus 180 millones le ha costado. Como ‘Scaramouche’, Florentino le retó y él acudió presto al duelo. Con lo que casi nadie contaba es con que nuestro particular marqués de Maynes untara la punta de su espadín con la cicuta de una mentira, la de la venta del club. Y, eso sí tengo que reconocerlo, en ese bulo se ha sabido rebozar con inusitado placer el equipo habitual de opinión sincronizada dejándose jirones de piel propalando la falacia. Sólo hay que preguntar para conocer y eso hice el lunes en ‘El Primer Palo’, pregunté. Por el bien del Real Madrid espero que sus socios sepan distinguir este próximo domingo entre lo que es cierto y lo que no pasa de ser una bola de campaña.