La mala costumbre de España: sólo ha pasado una vez de la primera eliminatoria en los últimos cinco Mundiales

La victoria en Sudáfrica terminó con la maldición de España en los Mundiales, donde su historia se había escrito siempre con renglones torcidos. Había que remontarse a Brasil 1950 para encontrar la única actuación realmente meritoria, con el famoso gol de Zarra a Inglaterra en Maracaná y una clasificación para semifinales que no se había vuelto a repetir desde entonces. Hasta 2010, la selección acumuló decepciones, la más estruendosa como anfitriona en 1982. Cada cuatro años se repetía el mismo guion. Se hinchaba un gran globo de ilusiones en las semanas previas y luego el equipo lo pinchaba sin remedio. Los cuartos de final, que era la instancia a la que España llegaba en el mejor de los casos, se convirtieron en una frontera insuperable. El triunfo en Sudáfrica cortó esta tradición desgraciada y convirtió a España, que venía de ganar también la Eurocopa de 2008, en una referencia futbolística de primer orden. Ahora bien, pasado el tiempo se puede decir que la estrella conquistada en Johannesburgo no ha cambiado la mediocre trayectoria histórica del combinado nacional en las Copas del Mundo. Así como ha brillado en las Eurocopas, con dos nuevos títulos en 2012 y 2024, ambos obtenidos además con gran brillantez, o en el invento de la Nations League (campeona y dos veces subcampeona en las tres últimas ediciones), en la máxima competición mundial España sigue sin encontrar el camino. Los precedentes están ahí y conviene recordarlos ahora que el equipo de Luis de la Fuente se dispone a jugar el jueves el ‘mata- mata’ contra Austria. Pues bien, hay que tener cuidado. Y es que, desde que se proclamó campeona del mundo, España no ha vuelto a superar ese primer escalón tras la fase de grupos, que ahora con la ampliación a 48 participantes corresponde a los dieciseisavos y antes, con 32, eran los octavos. De hecho, tampoco lo superó en el anterior Mundial a Sudáfrica, el de Alemania 2006. La Roja, como la bautizó entonces Luis Aragonés, perdió con Francia en octavos tras una primera fase impecable (4-0 ante Ucrania, 3-1 frente a Túnez y 1-0 con Arabia Saudí). En Brasil, de hecho, ni siquiera superó la primera fase. Después de dos partidos, la goleada contra Holanda y la derrota con Chile, la defensora del título ya estaba en la calle. Fue aquella una experiencia penosa, la triste escenificación del declive de un equipo histórico. El problema es que en las dos últimas Copas del Mundo volvieron a producirse dos sonoras decepciones. Lo de Rusia fue una chapuza que desorientó por completo a una selección que llegó como una de las grandes favoritas. Tres meses antes del torneo, de hecho, el equipo de Lopetegui había arrasado a Argentina por 6-1. El despido del entrenador vasco antes del debut en Sochi por su fichaje con el Real Madrid acabó siendo letal. España empató a tres con Portugal en el debut -Cristiano hizo un hat trick-, ganó por la mínima a Irán y empató a dos con Marruecos gracias a un gol de Aspas en el tiempo de descuento. El equipo no terminó de funcionar con Fernando Hierro. Su dominio de la posesión era claro, a veces apabullante, pero le faltaba profundidad. Y esto le acabó matando en aquel delirante partido de los mil pases contra una Rusia que, pese a su mediocridad y de marcarse un gol en propia puerta, acabó forzando la tanda de penaltis, donde los fallos de Koke y Aspas condenaron a España. Lo de Catar es bastante reciente y fácil de recordar. La tropa de Luis Enrique era también una de las grandes favoritas. Y más que lo fue tras el 7-0 ante Costa Rica en el debut. Aquel día se acabaron los adjetivos laudatorios para La Roja. «Una España brutal», tituló ‘Marca’. «La roja mecánica», tituló ‘Mundo Deportivo’. ‘Olé y olé’, se leyó en la portada del ‘Sport’. Llegó luego un empate contra Alemania y, en el tercer partido, llegó la pifia inesperada. El fútbol de España comenzaba a mostrar un exceso de retórica y una falta de filo preocupantes, y perdió con Japón, siempre correosa. «Pasamos un bochorno», tituló ‘Marca’. «¡Qué susto!», pudo leerse en el’ Sport’, donde se recordaba que España había estado eliminada durante tres minutos, los que Costa Rica estuvo por delante de Alemania hasta acabar perdiendo por 2-4. Y se llegó así al partido contra Marruecos en octavos. Luis Enrique hizo hasta cinco cambios en el once, pero el equipo volvió a asfixiarse con un carrusel alucinante de pases insulsos y una falta de mordiente letal. Al día siguiente, entre la oleada de críticas a la selección, triunfó un meme sobre el seleccionador. Alguien llama a la puerta. ¿Quién es?, preguntan. Luis Enrique. Pase, pase, le decían, mofándose de él. Lo cierto es que el partido recordó mucho al disputado con Rusia cuatro años antes, hasta el punto de que la derrota también se produjo en la tanda de penaltis. España falló los tres primeros. Surgió entonces un serio debate sobre el estilo de la selección; en concreto, sobre la caricatura en la que se había convertido la obsesión por la posesión, el tiki-taka constante y monocorde. Todo esto cambió con la llegada de Luis de la Fuente, que aparte de grandes resultados -una Eurocopa, una Nations y un récord de 34 partidos sin perder-, acertó con un nuevo estilo de juego, más veloz y agresivo, y supo generar un ambiente de armonía alrededor de la selección que nada tenía que ver con el de años anteriores. Todo le ha funcionado al entrenador riojano, que ahora se enfrenta al gran reto: que España compita a lo grande en el Mundial, como hizo en la pasada Eurocopa, por ejemplo. Que su equipo haya llegado como uno de los principales favoritos no tiene mayor relevancia. También lo fue en Brasil, Rusia y Catar, y ya se vio lo que sucedió. El Mundial es solo un momento, un mes en el que hay que dar la mejor versión y tener suerte. Y lo cierto es que, hasta ahora, la primera de estas dos condiciones indispensables no se ha producido. Tendrá que hacerlo a partir del jueves si España no quiere proseguir con sus malas costumbres en las Copas del Mundo.

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Author: Pablo Perez