El desafío de hoy, suscrito por las recientes expresiones de la soberanía popular durante las primarias de 2023 y las elecciones presidenciales de 2024, podría sintetizarse así: una Venezuela sustentable y próspera.
Venezuela posee riquezas diversas que, explotadas racionalmente, con acatamiento al Estado de derecho y respeto al ambiente, garantizan el cumplimiento de ese desafío.
El orden republicano por el que se regirá el país del futuro no admite la sumisión a persona alguna ni a país extranjero, sino el completo apego al mandato libérrimo de la soberanía popular. En todo momento deberá prevalecer el respeto a la dignidad nacional de un país independiente.
Los poderes reales, tomados por la fuerza y ejercidos autoritariamente por la manada de depredadores que constituye el despreciable y malhadado socialismo del siglo XXI, infligieron al corazón de la nación un daño antropológico que les permitió destruir todo un país, causando una brutal miseria durante veintisiete años infaustos.
Los poderes reales secuestrados por la claque gobernante —la administración de la violencia, el poder financiero, el respaldo popular manipulado mediante un esperpento electoral y los medios de comunicación deformados por la hegemonía comunicacional— dejarán de ser ejercidos de manera personalista y abusiva para ajustarse al Estado de derecho.
Finalizará la tiranía y el fin de este negro accidente histórico será catapultado mediante elecciones manuales, limpias y verificables, con observación independiente.
Estamos próximos a la enorme tarea de edificar una realidad nueva, en la cual participará el conjunto sano de ciudadanos de un país sufrido y sufriente. Por eso es justo comprender las críticas fundamentadas respecto de determinadas fotografías grupales. Deben quedar por fuera del equipo emergente los corruptos que nunca rindieron cuenta sobre los bienes públicos que administraron. Un vino nuevo servido en odre viejo no sirve, lo romperá. Todo ello sin desmedro del respeto que debe imperar hacia el lenguaje del otro y en el ejercicio del pensamiento crítico, tan necesario dentro de la diversidad. Es indispensable superar el puré de ideas que prevaleció durante décadas de degeneración institucional, impregnado de una profunda deformación de la forma y del fondo de la majestad republicana.
El 3 de julio significa, dentro de lo que queda de legalidad, la obligación de establecer un cronograma electoral. A la corporación criminal se le acaba el tiempo. Si se le deja a cargo del gobierno, se corre el peligro de que termine de demoler la soberanía nacional, entregando el país con tal de que un grupito permanezca a salvo y resguardado de sus crímenes.
Se les acabó el tiempo a los corruptos que le robaron el pan a los pobres, la paz a los mayores y el futuro a los jóvenes. Esta gente no puede aspirar a más que una normalización provisional, carece de la estructura que sólo puede otorgar la estabilidad de un gobierno legítimo. La verdad es que, después de la extracción del narcodictador, se ha comprobado que no queda burro con reumatismo.
María Corina Machado cuenta con una amplia y significativa representación política y tiene el coraje de asumir la verdad y conducir a Venezuela hacia la condición de país sustentable y próspero.
!Libertad plena para todos los presos políticos!