Locura en Marruecos: la euforia de Hassan II, un entrenador convertido al islam y de regalo… tabaco

«Marruecos salió como el equipo a batir del grupo, pero sorprendió primero a Polonia y luego a Inglaterra, empatando a cero con ambas. Después se dijo que no hacía goles y marcó dos a Portugal en 26 minutos. Los marroquíes están viviendo un sueño que les ha llevado a los octavos de final cuando vinieron a hacer el papel de colista de grupo». Así, en un breve párrafo, quedó resumida para siempre la alegría de todo un país, un milagro deportivo. En esa entradilla, correspondiente a la crónica del partido Portugal-Marruecos (1-3) publicada en ABC , se condensa el éxito rubricado por una selección que ese día, 11 de junio de 1986, se convirtió en la primera del continente africano en superar la fase de grupos de un Mundial de fútbol. Fue el inesperado logro de un equipo sorprendente dirigido por un entrenador peculiar, el brasileño José Faria. Un entrenador que no hablaba ni una palabra de árabe pero cuyos mensajes y consignas, vistos los resultados, llegaron a la perfección a sus pupilos. Entre otros curiosos argumentos, Faria sostenía que «el fútbol es matemática». Y tras esa decisiva victoria sobre Portugal, que permitió a Marruecos acabar como primero del Grupo F, el técnico brasileño le lanzó un dardo público, medio en broma, al seleccionador luso, José Torres: «Él no sabe que el fútbol es matemática». La clasificación para octavos de final desató una fiesta nacional sin precedentes en Marruecos. Finalizado el encuentro ante los portugueses, cientos de miles de marroquíes salieron simultáneamente a celebrarlo en las calles de Rabat, Casablanca, Marrakech y Fez. Las principales avenidas se colapsaron con caravanas de automóviles, motocicletas y camiones repletos de aficionados ondeando banderas nacionales. La multitud coreaba los nombres de los héroes de Guadalajara, especialmente el del guardameta Ezaki Badou —fichado posteriormente por el Mallorca— y el goleador Abdelrazak Khairi. Los festejos se prolongaron hasta la madrugada, obligando a comercios y oficinas a abrir más tarde al día siguiente. El rey Hassan II, ferviente seguidor del equipo, telefoneaba a la delegación en México después de cada partido y felicitaba directamente a José y a los jugadores. Y a su regreso al país, la selección fue escoltada por la guardia real desde el aeropuerto y vitoreada entre pasillos formados por cientos de miles de personas que abarrotaban a su paso carreteras y calles. Los aficionados marroquíes honraron al equipo que había caído con todos los honores en octavos ante la poderosa Alemania (entonces Alemania Federal), posteriormente subcampeona frente a aquella Argentina del más excepcional Maradona. Pese a perder ante los germanos (1-0, con un gol de falta de Matthäus en el minuto 87), los ‘leones del Atlas’, conscientes de lo que habían conseguido, no mostraron tristeza alguna. Según relata Luciano Wernicke en el libro ‘Historias insólitas de los Mundiales de fútbol’, se dedicaron a saludar y pedir autógrafos a los alemanes, muchos de ellos estrellas del fútbol mundial: Rummenigge, Littbarski, Schumacher o el citado Matthäus. La alegría tenía también otra razón de ser: el premio prometido y ya conocido por haber pasado de la fase de grupos. Según reseña Wernicke, una empresa tabacalera le regaló a cada futbolista una considerable cantidad de cajetillas de tabaco, «suficiente como para poner un kiosco muy bien provisto». Hubo más premios. «Nos preparábamos para volver a casa cuando el rey Hassan II insistió en que todo el equipo permaneciera en México hasta la final», recuerda Haddaoui, centrocampista de aquella selección. «También nos concedió otro regalo: una estancia de 10 días en Nueva York y otra en Ginebra. Allí, Said Aouita y Nawal Moutawakil (atletas y campeones olímpicos) se unieron a nosotros antes de regresar juntos a casa, donde fuimos recibidos por el rey Hassan II, que Dios lo tenga en su gloria». Aquella gran actuación de Marruecos en México 86 se edificó sobre el buen hacer de un equipo disciplinado, tácticamente inteligente y con una defensa férrea. Faria, principal artífice, se convirtió en ídolo nacional. Y pocas semanas después, se convirtió al islam y adoptó el nombre musulmán de Mehdi Faria. Integrado por completo en el país, fue contratado por el FAR Rabat (club del Ejército marroquí), con el que ganó la Liga, la Copa y la Champions de África.

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Author: Pablo Perez