¿Qué papel juega el deporte en su vida? De joven, como no era bueno en fútbol, hacía atletismo y ahí era mejor. Llegué incluso a entrenar con el FC Barcelona, en su sección de atletismo, a las órdenes de Gregorio Rojo, que era un tipo mítico. Pero cuando comprendí que no iba a ir a los Juegos Olímpicos, porque había otros mejores, cambiamos de actividad. Lo mío era el cross y las distancias largas. ¿Qué recuerdo feliz de infancia mantiene vivo en su memoria? Recuerdo ver con mi abuelo la victoria de España a Rusia en 1964. Yo tenía 13 años y aquello fue espectacular, con el gol de Marcelino, tirándose en plancha. Y claro, en aquella época, que veníamos informados de que el enemigo era Rusia, vencerle fue extraordinario. ¿Va a seguir viendo el Mundial con sus hijos? Sí, sí. Vimos la Eurocopa juntos y con 36 personas invitadas. De hecho, teníamos que cambiarnos de casa y me pidieron que, por favor, aguantáramos hasta el Mundial para caber todos en casa. Y aguantamos. Semejante decisión bien vale una segunda estrella ¿la ve? Estoy esperanzado en que podemos hacer algo grande, pero también me protejo, por si acaso tenemos un disgusto. Porque lo de la Eurocopa fue espectacular, pero también es verdad que en el fútbol hay mucho azar. ¿Qué borraría del fútbol mañana mismo? El exceso de dinero, por un lado, y luego la comedia de muchos jugadores. Parece que algunos por la mañana van a entrenar y por la tarde van al instituto del teatro. Y, por supuesto, la intolerancia. La intolerancia no se borra en una noche. Ya, ya. Recuerdo en Balaídos dirigirme a un tipo que estaba incitando a su hijo a que insultara a Vinicius . El crío tenía unos 10 años. Pues aún se ofendió. La intolerancia es tremenda y la facilidad con que se admite, excesiva. ¿Y eso que no tocaría jamás? El deporte en sí. A mí el fútbol me divierte, me descansa, me gusta verlo, particularmente con mis hijos. Recuerdo una vez que en aquella Eurocopa de 2008 que ganamos, me invitaron de una empresa para ir al primer partido con todo pagado. Preferí quedarme y verlo con mis hijos. Usted vivió en primera persona la denominada guerra del fútbol. Cuénteme cosas… Hicimos la guerra del fútbol, porque era el grupo Antena 3 contra el grupo El País, por decirlo así, pero también hicimos la paz del fútbol. Siempre digo que no fui nunca corresponsal, pero participé en una guerra y, en esa, caían pepinazos muy importantes. Ha prescrito todo, arranque. Qué sé yo, pues ir a firmar con el Betis en el despacho de Lopera, y encontrarte un reclinatorio, una virgen y no sé cuántas cosas más. Y en un momento, él sale y me dice Asensio «¿esto para qué es?» Le dije, «¡hombre, por si entre cláusula y cláusula quieres echar una jaculatoria». O las llamadas de Núñez … ¿Qué les hizo? Firmamos un acuerdo por 3.000 millones de pesetas para la Liga y la Copa. A mí me estremecían esas cantidades… y los que venían a recoger los talones. Y me llama por la mañana, después de todo, diciendo que ha encontrado una fórmula mejor que la nuestra. Tratar con aquellos personajes da para una novela: Núñez, Gaspar, Caneda, Lendoiro, del que un amigo mío decía que era como una anguila del río Miño, a la hora de negociar con él. Cambian los dirigentes y hasta la relación entre el fútbol y el aficionado ¿no cree? Creo que hay demasiado marketing y si eso y el dinero superan o dejan muy empequeñecido a lo que es la propia rivalidad futbolística legítima del juego, el fútbol perderá valor. Sí ha habido un cierto alejamiento. Pero han entrado las mujeres, sobre todo chicas jóvenes, y territorios que antes apenas estaban, como Estados Unidos. Y eso hace que haya mercado e interés en todo el planeta. ¿Le falta compromiso al fútbol? No todo se explica solo por la pasión. Cuando se vulneran los derechos humanos y el respeto a la persona, aquello ya no es ni deporte ni fútbol. A mí me gustaría unos futbolistas, unos clubes y unos directivos más comprometidos con los valores humanos, porque sería una forma también muy oportuna de educar a nuestros jóvenes. Usted moderó el primer debate televisado en España. ¿Hubiera aceptado moderar un hipotético debate entre Florentino y Riquelme? No hubiera tenido inconveniente y, además, como no soy socio del Real Madrid y no voto, pues tendría la neutralidad exigida. Tuve oportunidad incluso de moderar un debate entre Helmut Kohl y Gorbachev. El Real Madrid ¿es hoy un modelo de negocio ideal? No he entrado al detalle en conocerlo, pero en este momento, existen incógnitas por tener un estadio tan importante, tan interesante y con tanta inversión en el centro de una ciudad, generando unos problemas que son difícilmente digeribles. Ojo, podemos ir a peor porque nos quieren poner la F1 por las calles. Usted ha fundado una escuela de negocios, Next Educación. ¿aconseja al deportista formarse en ello? Sí, lo aconsejo, entre otras cosas, porque ellos han acumulado un patrimonio, pero sólo en los primeros años de su vida y no todos tienen el talento para ser entrenadores, luego. Conozco un caso de un jugador lateral izquierdo del Barcelona y de la selección española que acabó regando el campo de la U.D Sants, Unión Deportiva Sants. ¿Le preocupa el caso Negreira? No lo comprendemos nadie. No creo que tuviera influencia, sinceramente, pero no veo a qué fin se pagó. Es uno de los grandes misterios que me gustaría que se aclararan. Manuel, ¿cuál es su deportista de referencia? Me gusta la elegancia y la educación de Ancelotti. Y le tenía mucha simpatía a Guardiola, hasta que empezó con sus historias independentistas. Me parecían mucho más sensatos que los propios directivos de los clubes a los que pertenecían. ¿Le ha dado la vida como para entablar amistades en ese ámbito? Yo era amigo personal de Urruti, el portero del Barça que murió en un accidente, un tipo extraordinario. Y soy amigo desde el pupitre de los nueve años de Manuel Flores, que fue en baloncesto el capitán del Barça y 115 veces internacional. Ayer me llamó por teléfono, estamos constantemente en contacto y hemos ido hasta vacaciones juntos. ¿Va a cambiar mucho el fútbol en los próximos años? Voy mucho a América. Y veo, por ejemplo, que Guayaquil es del Barcelona y Quito es del Real Madrid. Viví un clásico en el aeropuerto de Bogotá y los goles se cantaban que asustaba por la pasión que había en el aeropuerto. En Panamá, el presidente de la República dio día libre tras clasificarse para el anterior Mundial. Si se han contenido las derivas de que todo vale y se mantienen un poco las formas, veo que seguirá siendo el gran deporte mundial.